domingo, enero 25, 2009

TRANSPORTE EN LIMA: LA PERSPECTIVA JAPONESA

Fernando Nakasone


Te cuento mi experiencia por haber vivido mas de 4 años en Tokio, una ciudad que según los censos tiene aproximadamente 12 millones de habitantes, pero a la medianoche. Al mediodía se concentran allí más de 25 millones de personas, porque entre las 6 hasta las 10 de la mañana llegan más de 13 millones procedentes de ciudades aledañas. Es como durante el día llegaran a Lima más de 9 millones de personas provenientes de Huacho, Pativilca, Chincha, Cañete. ¿Cómo pueden trasladarse tantas personas en tan corto tiempo? Mediante el tren. Sería totalmente imposible hacerlo a traves de autos, combis o autobuses: un trayecto que en auto se recorre en cuatro horas y en autobús en seis, en tren se recorre en una sola.


Cada tren o metro de Tokio transporta aproximadamente 2,000. A las 7 de la mañana tu puedes ver que cada 90 segundos llega un tren a una isla (una estación puede tener 1 a 20 islas), se detiene y abre sus puertas durante 30 segundos, tiempo en el cual bajan unas 600 personas y suben otras 600 en perfecto orden. Los únicos que empujan son los llamados empujadores, empleados que en cada puerta se dedican a empujar a la gente para que se cierren las puertas. Siempre queda un saco o un paraguas que sobresale o también algún trozo de extremidades humanas.


Las estaciones son increíbles: cada día por la estación Shinjuku circula un millón de pasajeros, pues allí se concentran más de 10 líneas de tren y 8 de subterráneo. Nunca quedes con un amigo en encontrarte en Shinjuku, porque es imposible.


Los trenes no son un negocio rentable, pero siendo una necesidad pública, el Estado asume el costo del sistema de transporte ferroviario. Además hay algunas líneas privadas, que adquieren las zonas aledañas a las estaciones y allí establecen centros comerciales, con lo que recuperan su inversión.


¿Y los autobuses? Solamente sirven para transportar a la gente desde la estación a los lugares cercanos ubicados a no más de 20 minutos. Pero mucha gente no toma los autobuses, porque llega caminando a la estación y otro grupo grande llega en bicicleta, la estaciona en su estación y la recoge regresando del trabajo en la noche. Prácticamente nadie va a la estación en auto y muy pocos en taxi.


Claro que millones de habitantes de Tokio tienen auto, pero solo lo usan los fines de semana, y es donde se generan las congestiones vehiculares de sábado por la noche. Imagínate la Panamericana Sur desde Lima hasta Asia con los autos avanzando a una velocidad de 15 kilómetros por hora. Todos salen en la noche anterior para llegar a su destino de descanso y diversión al día siguiente.


Personalmente pienso que tarde o temprano tendremos que construir un tren o un metro para poder transportar a tantos limeños. Entretanto, ni el Estado ni la Municipalidad de Lima tienen políticas claras para fomentar el transporte formal y organizado. Para que las cosas empeoren, la infraestructura de pistas y carreteras es pésima, los semáforos funcionan sin ningún tipo de programación lógica y menos con sensores de acuerdo al volumen del tráfico como lo hacen las ciudades avanzadas. Además, donde hay policías de transito, las congestiones empeoran en vez de resolverse. Mejor es que dejen los semáforos funcionando, antes de reemplazarlos por policías que tienen una total falta de criterio para dirigir el tránsito.


A este problema se agrega la total irresponsabilidad de los conductores. Acá cuando una ambulancia pasa, otros carros simplemente no avanzan y menos se ponen al lado. Hay algunos eso sí que tratan de aprovecharse, poniéndose detrás de la ambulancia. Se lo cuentas a gente de otros países y les resulta increíble. Además, la forma de manejar se contagia. Sé de peruanos que en Japón manejaban de manera impecable, pero en Lima terminan manejando como el resto.


Una anécdota grafica las grandes diferencias: cuando manejaba por una ciudad en Japón, me acercaba a un cruce y vi que otro auto llegaba también. Le toqué el claxon para que me deje pasar y pasé, mientras mi copiloto estaba desconcertado: en Japón el claxon es una señal de cortesía, para darle pase al otro conductor o agradecerle, mientras en Lima está asociado a la prepotencia, usado para gritar, insultar o llamar la atención.


Otra comparación imposible de dejar de hacer es que ningún pasajero sube a un tren o un autobús antes que hayan bajado todos los que tenían que hacerlo, mientras que acá la gente se pelea por subir impidiendo que puedan salir quienes tenían que bajar. Lo mismo observamos en los ascensores, la gente se mete antes que hayan salido los que bajan en ese piso. Esta falta de respeto hacia los demás hace que todo el mundo se demore. En cambio, en la estación Shinjuku 600 personas bajan y otras 600 suben en menos de 30 segundos.


Muchos problemas, no solamente de tránsito, se resolverían si supiéramos inculcar el valor del RESPETO entre los limeños: Respeto a las señales. Respeto a los reglamentos de transito. Respeto al Policía. Respeto a los semáforos. Respeto a los peatones. Respeto a los demás conductores. Respeto a la vida humana.


Ojala que algún día resolvamos este problema que abarca no solamente responsabilidades gubernamentales y de infraestructura vial y vehicular sino también de cultura de la gente tanto de conductores como de pasajeros.


(A propósito de la RP 234)

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domingo, enero 18, 2009

CINCO CONSEJOS PARA EL ALCALDE DE LIMA

Eduardo Borrell Castro

PRIMERO: Imprimir y distribuir masivamente un folletito con las líneas de buses, micros y combis que circulan por nuestra ciudad.

SEGUNDO: Servicio continúo de tren eléctrico para pasajeros entre Chosica y el Callao, con sus respectivas estaciones.

TERCERO: Establecer los paraderos. Cada tres cuadras debe haber un paradero con una placa donde podamos leer qué líneas pasan y cuál es su trayecto. Cada unidad portará solo un número, muy grande y muy claro.

CUARTO: Que solamente por obras (de preferencia, de noche o en feriados) se cierren las calles. Para desfiles, procesiones, festivales, corsos o mítines, están las veredas, los parques, las plazas y los teatros.

QUINTO: En la pared de cada esquina, a ras del suelo, debe haber una flecha con el nombre de la calle y el número de la cuadra.

(Aporte para la RP 234)

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lunes, enero 12, 2009

Reflexiones Peruanas Nº 234: Sobre combis, coasters y otros peligros cotidianos

Plantones, marchas y carteles. Los vecinos de la avenida Pardo se sienten aliviados con el traslado de las rutas de combis y no quieren que vuelvan. Los vecinos de la calle Enrique Palacios señalan que las combis que antes circulaban por Pardo les originan congestión y suciedad. Sin embargo, las autoridades del Ministerio de Transportes y la Municipalidad de Lima guardan silencio sobre el problema de fondo: ¿por qué los ciudadanos deben viajar en vehículos incómodos, peligrosos y contaminantes?

A todo esto se une la protesta de choferes y cobradores que, en una reciente manifestación, bloqueando el Óvalo de Miraflores, llevaban carteles diciendo “Las combis son del pueblo. Las coasters son demasiado caras”. A quienes no están familiarizadas con el transporte limeño, les aclaramos que las coasters tienen un tamaño intermedio entre una combi y un ómnibus. En algunas avenidas como Javier Prado y Arequipa sólo se permite coasters y no combis.

Resulta impresionante que las combis sean defendidas por los cobradores, quienes trabajan en ellas encorvados o en cuclillas durante diez o doce horas al día, en medio de la indiferencia de los pasajeros y las autoridades. Debe decirse, sin embargo, que muchas veces, pese a que está prohibido, también viajan encorvados los pasajeros, apiñados entre los asientos.

El principal argumento que esgrimen choferes y cobradores es que las combis son su instrumento de trabajo. Lo mismo declaran los conductores de Ticos y mototaxis, vehículos que no están permitidos en ninguno de los países vecinos. Combis, coasters, Ticos y mototaxis tuvieron un impulso masivo en tiempos de Fujimori, cuando además se disolvió (a Fujimori le gustaba mucho disolver) la empresa de transporte público Enatru Perú, cuyos ómnibus sólo recuerdan los mayores de 20 años.

Desde entonces, el transporte cotidiano de los ciudadanos quedó sin mayor regulación, generándose así el caos que se ve todos los días en Lima. Muchas personas que hace algunas décadas iban al colegio o la universidad en transporte público, han decidido evitar a sus hijos esa ordalía cotidiana y por eso ahora circulan muchos más automóviles, aumentándose las congestiones.

Hace unos años se pensó que la Policía femenina ayudaría a enderezar a los conductores díscolos, porque eran percibidas como incorruptibles, pero actualmente parecen totalmente desbordadas y fingen no ver las infracciones más evidentes. Seguramente a pocos limeños servirá de consuelo saber que el tráfico en otras ciudades peruanas suele ser bastante peor, desde Arequipa hasta Trujillo y desde Pucallpa hasta Huancayo.

Para rechazar cualquier intervención estatal sobre el transporte, el argumento sobre el derecho al trabajo es recurrente. Si los Ticos desaparecen, debido a su inestabilidad, muchas personas no tendrán cómo alimentar a su familia. Si se exige secundaria a los mototaxistas, se perjudicará a las personas que con las justas saben leer, y que se dedican a transportar personas. Si se reserva algunas rutas para autobuses grandes que pueden trasladar igual número de pasajeros que seis combis, muchos choferes se quedarán sin trabajo.

El problema es que, cuando se abre las puertas a la informalidad, ésta se vuelve una forma de vida para muchas personas y se hace muy difícil de combatir.

¿Estamos condenados al caos vehicular? En las últimas semanas, he pensado que no tiene por qué ser así: en avenidas como Arenales, Arequipa y Javier Prado los transportistas respetan los nuevos paraderos pese a las protestas iniciales de los pasajeros, que están aprendiendo el significado de expresiones como “Paradero Prohibido”. Numerosos paraderos consuetudinarios están ahora despoblados.

Si alguien me lo hubiera dicho hace un año, me habría parecido ciencia ficción, como también lo era hace unos años sostener que la gente usaría cinturón de seguridad, que pagaría SOAT, que los taxistas pondrían un casquete blanco sobre sus vehículos y no querrían llevar más de cuatro pasajeros. Todos estos cambios, naturalmente, no son espontáneos, y derivan de una adecuada intervención estatal.

Para enfrentar el transporte en Lima se necesita mucho más que un cambio de rutas: se necesita reservar esta actividad a empresas, privadas o públicas, donde choferes y cobradores perciban un sueldo fijo, que no dependa de cuántos pasajeros hacen ingresar. Se necesita vehículos grandes, donde ninguna persona viaje encorvada, ni siquiera el cobrador. Igualmente, los autobuses deben circular por carriles especiales de manera rápida, alentándose así a los ciudadanos a dejar en casa sus vehículos.

En otras ciudades latinoamericanas, como Bogotá, Medellín, Quito o Guayaquil, inicialmente había mucho escepticismo sobre las posibilidades de ordenar el transporte, pero los resultados han sido satisfactorios para todos, incluyendo los transportistas informales que fueron incorporados al nuevo sistema.

¿Cuánto falta para que las autoridades estatales y municipales comprendan que el transporte seguro y cómodo de los ciudadanos es su responsabilidad?

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lunes, mayo 26, 2008

Reflexiones Peruanas Nº 200: A Falta de Alcalde, ¿Qué Podemos Hacer?

En teoría, la función de los alcaldes es contribuir al bienestar de los ciudadanos. En los últimos años, sin embargo, la sucesión de obras innecesarias, costosas y mal planificadas, el escándalo de las revisiones técnicas, el absurdo peaje en la avenida Faucett, el cierre indefinido de los carriles centrales de la Vía Expresa, la tala de decenas de árboles y un abrumador etcétera permitirían sospechar que los alcaldes limeños y chalacos estuvieran empeñados en convertir la vida de los vecinos en una pesadilla.

Para que ni siquiera la vista pueda reposar, los gentiles alcaldes permiten a Clear Channel, Vallas donde Vayas y Carteleras Peruanas saturar la ciudad con sus chillones anuncios. “Las municipalidades persiguen a los graffiteros”, dice una alumna mía, “pero esos avisos deterioran más el ornato”. Es verdad, porque también ocultan áreas verdes y parques, como ha ocurrido con el Campo de Marte y el Círculo Militar.

El contraste es marcado con los alcaldes de Quito, Guayaquil o Bogotá, que se han preocupado por rescatar y promover los espacios públicos y la convivencia humana. El caso de Bogotá es muy interesante, porque Antanas Mockus y Enrique Peñaloza, además, asumieron como su misión promover valores como el respeto mutuo, la solidaridad y el amor por la ciudad.

Este último sentimiento fue tan intenso que, aunque a los limeños nos puede parecer increíble, muchos bogotanos contribuían a la Municipalidad con más dinero de lo que les correspondía, porque sabían que sería invertido adecuadamente. Para ello, naturalmente, estos vecinos eran invitados a plantear a la Municipalidad en qué tipo de proyectos debían gastarse sus aportes y ellos ponían mucho énfasis en la inversión social.

Es interesante señalar que, en un inicio, los bogotanos recibieron las propuestas de Mockus con escepticismo. “Los colombianos nunca vamos a cambiar”, decían. “Así somos”. En el Perú yo he visto esta actitud negativa decenas de veces, desde que me aseguraban que jamás se usaría cinturón de seguridad, hasta que me advertían que, si me suscribía a El Comercio, mis vecinos me iban a robar el diario... Y vaya que me duele cuando alguien emplea la frase “Así somos los peruanos” para ocultar sus propios defectos o asumirlos como incorregibles.

A mí me molestan los estereotipos negativos especialmente porque la abrumadora mayoría de peruanos que conozco no son deshonestos, ni desordenados, ni ociosos, ni impuntuales, aunque frecuentemente piensan así de los demás.

Eso sí, como por estos lares no contamos con alcaldes que asuman el rol de humanizar la vida cotidiana, esta tarea, por ahora, nos compete a los propios ciudadanos... y todos podemos hacer algo, aún en temas que parecen tan difíciles de enfrentar como el tráfico.

A los automovilistas, por ejemplo, les corresponde aprender que el mundo no termina en el vehículo de uno y que los demás conductores y los peatones merecen respeto. Por ello, corresponde ceder el paso a los transeúntes cuando éstos atraviesan por la esquina, especialmente en una curva y dejar el claxon para las emergencias.

Si cada automovilista limeño, además, al menos una vez a la semana dejara el auto en el garaje y empleara el transporte público, habría mucha menos contaminación. Es fundamental enseñar esto a los niños, para que no sean de aquellos que a los veinte años jamás han subido a una combi o una coaster.

Quienes toman taxi harían más fluido el tránsito si, en lugar de regatear compulsivamente con el taxista, le propusieran una tarifa razonable y, si no acepta, esperaran el siguiente vehículo. Una decisión fundamental, también, es no tomar jamás un Tico, dados los riesgos que implican estos vehículos.

En el transporte público, hay medidas muy simples, como esperar en los paraderos, no agolparse en la puerta, sentarse al lado de la ventana y no del pasillo. Al cobrador, además, se le debe tratar sin altanería.

Todos los limeños, los automovilistas, los usuarios de taxi o de combi podrían hacer una ciudad menos contaminada y más humana si se acostumbraran a caminar lo máximo que sea posible.

Naturalmente, sea el tráfico, el racismo o la situación de las trabajadoras del hogar, no basta que algunos cambiemos. Mockus promovió que los bogotanos practicaran la “corrección ciudadana” hacia los desconocidos y esto demostró ser más eficaz que las sanciones. La gente aprendió a evitar tanto la pasividad como intervenciones agresivas, que generan un conflicto innecesario.

Es verdad que sería mucho más fácil avanzar en convivencia humana si tuviéramos autoridades con liderazgo moral, pero igualmente creo que es mucho lo que cada uno de nosotros efectivamente puede hacer y a lo mejor ya lo viene haciendo. Si no sucumbimos a la resignación y el fatalismo, hemos dado ya el primer paso en ese camino.

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Además…

- Las últimas cuatro mujeres detenidas en Aguas Verdes el 29 de febrero salieron en libertad, sin que se pudiera probar las delirantes acusaciones sobre terrorismo. Quienes ahora están detenidos sin pruebas son Edison Tejada y Lizandro Díaz acusados de haber atropellado a una mujer policía. Pareciera que el Ministro del Interior se complace en tener siempre algunos inocentes tras las rejas.

- El Decreto Legislativo 1015 ha generado indignación en las comunidades campesinas y nativas y apunta claramente a su desaparición al permitir que una pequeña porción de comuneros disuelva o venda las tierras. Puede ver un artículo mío en http://alainet.org/active/24195 y el Informe de la Defensoría del Pueblo 016-2008-DP/ASPMA.PCN sobre el Proyecto de Ley 1992, que tiene el mismo texto.

-Felicitamos a José Luis Incio por el exitoso debate entre Jorge Bruce y Martín Tanaka respecto a la problemática del racismo. A quienes se lo perdieron, pueden ir este miércoles 28 de mayo a las 8:30pm a otro conversatorio sobre el tema en la Feria del Libro del Megaplaza, donde tendré el gusto de comentar el libro de Bruce.

-Se ha agotado el Manual para Enfrentar la Discriminación en la Admininistración Pública. Procuraremos editar otro donde estén incluidas la Ordenanza 002 de la Municipalidad de Abancay y también algunas de las ordenanzas que en Junín y Arequipa vienen promulgándose.

-Si quiere escapar de las obras de teatro racialmente puras, le recomendamos Los Ríos Profundos, basada en la novela de Arguedas. El grupo Cuatrotablas lo presenta en el teatro de la AAA, a sólo 10 soles, hasta el 1º de junio y puede ser llevada a colegios, universidades y otros espacios en todo el país.

-Excelente presencia, fotografía reciente y tener menos de 30 años: tres requisitos discriminatorios establecidos para trabajar en los vagones de Perú Rail en el Cusco.

-El Decreto Supremo 003-2008-TR establece la jornada máxima diaria y semanal para los practicantes. Avisen a sus amigos y conocidos para que no sufran abusos o explotación.

-Si le gustaba el programa de Alexandro Saco, Civilización, puede escucharlo ahora en http://www.forumderadios.fm/g8/. Es muy interesante el análisis de la actualidad internacional que no siempre se encuentra en el Perú.

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El aporte (sobre la RP 199):

“La página social de El Comercio siempre me ha parecido uno de los ejemplos mas claros del racismo en este país: casí nunca aparecen personas de rasgos negros o andinos. Es como si toda la sociedad del Perú fuera blanca y viviera en Lima. Sería interesante precisar cada semana el porcentaje de personas con rasgos mestizos, andinos o negros... (El director de una ONG). Al respecto, cumplo con señalar que en la última semana, no hubo un solo rostro con las características que señala el lector.

“Sin ir muy, lejos nuestras queridas revistas de Derecho tradicionales aún mantienen un patrón excluyente en sus integrante. Sin embargo las revistas de los alumnos de rasgos andinos no tienen mayor apoyo. Además, aún hay ciertos profesores que tienen conductas de rechazo hacia los alumnos que no se parecen a ellos (Un estudiante de Derecho).


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La frase W:

No te alegres mucho cuando termina un mal gobierno: suele venir uno peor.


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