martes, febrero 18, 2014

RP 500: Racismo en Huancayo. Más allá de la condena

-¿Tú qué te has creído?   ¡Eres una llama, una llama!

Semejantes insultos los escuché un día de junio de 1986 y quien los profería era una chica de unos doce años.

Me encontraba en un ómnibus regresando de Trujillo donde había participado en un encuentro católico a nivel nacional y las  chicas que se insultaban provenían de un colegio religioso de Huancayo.   Tantos años después, por el hábito de la monja que las acompañaba, debían estudiar en un colegio salesiano.   Porque sí, había una monja que escuchaba impávida los insultos racistas de sus pupilas. 

Seguramente, las chicas que se insultaban ahora tienen hijos y no sé si seguirán usando la palabra llama como insulto.   Sin embargo, hace dos años en SEDAM, la empresa de abastecimiento de agua de Huancayo, la empleada Azucena Algendones fue insultada como “Negra cocodrilo” por una colega y desde entonces ha sufrido múltiples hostilizaciones laborales por atreverse a enfrentar estos hechos.

Pensé en estos casos ayer cuando escuché al Alcalde de Huancayo, Dimas Aliaga sostener, a raíz de los insultos que recibió el miércoles un futbolista brasileño, que los vecinos de dicha ciudad rechazan el racismo.    No es cierto: los huancaínos, como los pucallpinos, los limeños o los cajamarquinos practican el racismo cotidianamente.   La abrumadora mayoría de peruanos ha interiorizado que al más andino o al más negro se le puede humillar.    Esta vez hay una reacción pública, porque nada menos que una de las mujeres más poderosas del mundo, Dilma Rousseff, se ha pronunciado en defensa de su compatriota.

Hace un año, en febrero, cuando el futbolista Edgar Villamarín sufrió insultos similares en Cajamarca, no se pronunciaron ni el Alcalde de dicha ciudad, ni a mucha gente le pareció grave.   Tampoco cuando ocurrió hace unos meses en pleno Estadio Nacional con varios jugadores ecuatorianos durante las Eliminatorias para el Mundial.

Es más, el año pasado también el protagonista de insultos racistas no fueron anónimos hinchas sino un jugador del propio Real Garcilaso, Luis Guadalupe, quien denominó “serrano pezuñento” al futbolista Johan Fano.   Lo más sorprendente es que Guadalupe juega para un equipo cusqueño y no recibió mayor sanción de los directivos del club ni del entrenador Fredy García, que ahora ha pedido disculpas al equipo Cruzeiro y al futbolista Tinga.

Un hecho destacable es que, por primera vez, el Presidente Ollanta Humala ha condenado públicamente un incidente racista.    Sin embargo, hubiera sido mucho mejor que se hubiera pronunciado cuando fueron insultados los futbolistas Fano y Villamarín.    Si lo hubiera hecho, y en general, si esos insultos hubieran generado un rechazo extendido en ámbitos políticos y deportivos, probablemente los hinchas huancaínos lo habrían pensado dos veces antes de insultar a Tinga.

En realidad, pareciera que sólo se reacciona debido al rechazo internacional, cuando la víctima del racismo es un extranjero.   Hace unos años, sucedió lo mismo cuando una importante funcionaria jamaiquina fue impedida de ingresar a una discoteca en Miraflores o cuando a un profesor de Harvard le ocurrió lo mismo en el Café del Mar. Sin embargo, cuando el racismo ocurre entre los peruanos nos parece natural.   Así sucede en Ancón cuando policías y serenos ven cercada con cuerdas la parte exclusiva y cuando la publicidad racista de Plaza San Miguel  o Megaplaza es aceptada con naturalidad por todos los que acuden allí.  .    ¿Tendrá que suceder que a un futbolista brasileño le  impidan ingresar a las “áreas privadas” de Naplo o Ancón, para que reaccione el gobierno peruano? 

Quiero además llamar la atención sobre que los incidentes de racismo en los estadios ocurren contra jugadores afrodescendientes, porque en el Perú sigue pensándose que los negros merecen menos respeto y sigue siendo legítimo burlarse de ellos.   No es casualidad el éxito del Negro Mama y las protestas que se produjeron cuando Frecuencia Latina fue sancionada por transmitirlo. 

Por eso, aunque son muchos los peruanos que han condenado lo ocurrido en Huancayo, pero también los hay bastantes que intentaron minimizar los hechos asumiendo que es legítimo insultar a los afroperuanos o sostienen que la protesta se debe a que los brasileños perdieron ante el Real Garcilaso.   No faltaron también quienes se dedicaron a insultar a los huancaínos de manera absurda, llamándolos “racistas serranos ignorantes”. 

Es tiempo que los peruanos aceptemos que el racismo es un problema permanente, que se vincula a muchas otras formas de discriminación (social, económica, por lugar de origen o de residencia, apellido, sexo, actividad, etc.).   

Dilma Rousseff reacciona ofendida porque proviene de un país que lleva más de una década implementando políticas públicas contra el racismo, a través de la Secretaría de Promoción de la Igualdad Racial.     En el Perú aún no tenemos ninguna política pública para enfrentar el racismo en la Policía Nacional, el Poder Judicial o los colegios como aquel donde estudiaban las escolares huancaínas que mencioné al principio.   ¿No es tiempo de luchar contra este flagelo?


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