martes, febrero 18, 2014

RP 497 PATRIOTISMO EN UN PAÍS SEGREGADO

En los últimos días, con relación al fallo que debía dar la Corte de La Haya, los medios de comunicación han estado llenos de alusiones al patriotismo.
Sin embargo, a mi modo de ver, el verdadero patriotismo, es decir el amor por el país, implicaría promover una sociedad donde todos tengan los mismos derechos y oportunidades, especialmente los más olvidados.   En cambio, la asociación que los peruanos solemos hacer entre patriotismo y conflictos con los países limítrofes, genera un excesivo protagonismo a los militares, pese a que muchos médicos, profesores o ingenieros hacen bastante más por construir una sociedad mejor. 
Hace unos años, por ejemplo, después que se suscribió el Acuerdo de Paz con el Ecuador, muchas personas protestaron durante varias semanas en Iquitos, indignados por la entrega de Tiwintza.   Lo curioso es que las razones para protestar en Iquitos son numerosas: falta de servicios básicos, centralismo limeño, trata de personas.   Sin embargo, parecía que “la traición de Tiwintza” era una afrenta más grave que todo lo anterior.
Me parece que otro error frecuente en relación al patriotismo en el Perú es vincularlo excesivamente a las competencias deportivas.  El deporte contribuye a la salud y a la autoestima, pero no creo que la destreza deportiva se vincule necesariamente al amor por un país.   Lamento especialmente cuando los errores de un futbolista u otro deportista son considerados una muestra de su “falta de compromiso con el Perú”.    Además, es posible que existan deportistas muy hábiles, pero con un comportamiento cotidiano totalmente negativo.    En el Perú carecemos de una mentalidad más crítica respecto al deporte, como existe en Brasil, donde el propio Campeonato Mundial de Fútbol está generando muchas protestas de quienes consideran que es frívolo gastar en estadios cuando existen otras prioridades.   
En todo caso, uno de los graves peligros de la retórica patriótica es que los gobiernos autoritarios y/o impopulares pueden emplearla para invocar la unidad nacional y así convertir a los opositores en “traidores” o “enemigos de la patria”.    Un caso emblemático fue el último régimen militar en la Argentina frente al Mundial de 1978 y la guerra de Las Malvinas.  
En el caso peruano, además, la gran contradicción es hablar de patriotismo en una sociedad tan dividida por clase social, posición económica, rasgos físicos o lugar de residencia.  El fin de semana pasado, visitando Ancón, me quedé perplejo cuando vi todos estos factores juntos en la marcada separación que algunas familias han establecido, impidiendo el paso a otros veraneantes por las playas o parte del malecón.  La segregación era tan fuerte que parecía la Sudáfrica anterior a Mandela o los Estados Unidos antes de Martin Luther King.   
¿Cómo se puede hablar de unidad nacional cuando solamente ver que una persona de piel oscura camina cerca de la playa produce a algunos peruanos un sentimiento de odio visceral?   De hecho, el rechazo es tal que los segregacionistas ni siquiera se molestan en hablar con las personas que desprecian: para eso contratan vigilantes.   Debemos precisar, además, que no vimos a ningún veraneante llevando comida o mascotas a la playa.   Curiosamente, los únicos que bebían licor eran los usurpadores, que tenían además empleados que les llevaban comida.   
He escuchado muchas expresiones contrarias a los chilenos en estos días, pero debo decir que a mis amigos chilenos desconciertan mucho los odios internos entre los peruanos.
-Me gusta mucho tu país, pero es terrible lo mal que se tratan entre ustedes –me dijo un estudiante que solía visitar Lima.
Una anciana chilena me comentó:
-Yo estaba en Arica en un encuentro de jóvenes y tenía una amiga peruana.   Un día, llegó otra chica peruana, que tenía sombrero y trenzas, como las indígenas de allá.   Le dije a mi amiga para saludarla, pero ella me dijo que no podía hablar con ella.   Y yo no lo podía creer.
Hace unos años, en un avión escuché que conversaban un peruano y un chileno que vivían en Madrid: 
-He visto muchos peruanos que se reúnen en el Parque del Retiro –decía el chileno -.   Allí comen cebiche, beben Inca Kola…
-Sí lo sé –decía el peruano -, pero yo no puedo relacionarme con ellos.   Soy abogado.
-¿Estás hablando en serio?  -preguntó el chileno, también abogado, sorprendido.
En pleno 2014 todavía estamos en el mismo país que aparece en el cortometraje Mana Riqsisqa (Desconocido), presentado hace algunas semanas, sobre la Guerra del Pacífico.   La película muestra los conflictos entre los soldados peruanos en plena batalla de San Juan de Miraflores.    “Nosotros estamos defendiendo Lima, ¿pero acaso los limeños defenderían a nuestros pueblos?”, se pregunta uno de los soldados que ha sido reclutado forzosamente en la Sierra.

Hablar del patriotismo en el Perú será solamente una expresión retórica, hasta que el Estado no se decida a enfrentar el racismo y las brechas sociales.   

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