RP 668: Un Terror sin Final
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José Ignacio Palma (foto Facebook) |
Hace unos días, la
historia de José Ignacio Palma hizo evidente para muchos chilenos a cuántos excesos
pueden llegarse en las redes sociales.
El año pasado, José
Ignacio era candidato a Presidente de la Federación de Estudiantes de la
Universidad Católica de Chile (FEUC), y a pocas horas de las elecciones apareció
en Facebook el testimonio anónimo de una chica que lo acusaba de agresión
sexual. Mucha gente sabía que era una
acusación falsa, porque se aludía a una fiesta en la que José Ignacio había
estado siempre al lado de su enamorada, pero sus rivales políticos difundieron el
anónimo como parte de la campaña.
Los colectivos
feministas y las agrupaciones de izquierda declararon que José Ignacio era un
violador y así empezó para él un hostigamiento violento y permanente en las
redes sociales y también de manera directa, mediante insultos y agresiones. Él tuvo que dar sus exámenes separado de sus
compañeros para evitar actos violentos en su contra. También personas ajenas a la universidad le
escribían insultos y lo amenazaban a él y a su enamorada (acusada de
“encubridora”)
El 19 de mayo, por fin
se reveló que el autor del anónimo había sido otro estudiante, Johnny Olate,
quien buscaba vengarse por haber sido expulsado de la agrupación política de
José Ignacio. Éste ha señalado que denunciará
penalmente a Olate, pidiendo una indemnización por el daño causado. Él espera también que la UC disponga su
expulsión.
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Armando Vega Gil (Foto tvynovelas) |
Otros casos tienen un
desenlace fatal: en abril, se suicidó el rockero mexicano Armando Vega, después
que en una página de Twitter “#MeTooMúsicosMexicanos apareció una denuncia
anónima que lo acusaba de violar a una chica de 13 años. Vega insistía en su inocencia, pero no podía
enfrentar todo el odio que se estaba desencadenando en su contra: varias
seguidoras de esa página insistían en que se matara. Desesperado, escribió “más vale un final
terrible que un terror sin final”. Tras
la muerte de Vega, la página de Twitter quedó desactivada y se generó un hondo
cuestionamiento entre las feministas mexicanas. También se suicidó en diciembre un muchacho
argentino, Agustín Muñoz, activo participante en las marchas Ni Una Menos, por
otra denuncia falsa de violación, que generó una terrible escalada de
violencia. Cuando la autora de la
denuncia intentó retractarse, ya era demasiado tarde.
En la PUCP también han
originado violentas reacciones las acusaciones falsas de acoso o encubrimiento. Un incidente similar al de la FEUC ocurrió
en las últimas elecciones de la FEPUC, en que dos alumnas acusaron de agresor
sexual a un candidato en las redes sociales. No presentaron ninguna prueba, no hicieron
ninguna denuncia a la Comisión contra el Acoso, pero sus publicaciones fueron
compartidas por decenas de personas.
Como en el caso de José Ignacio, le cayó todo tipo de insultos a su
agrupación política, acusándolos también de “encubridores”. Aunque él renunció a su candidatura, la táctica
tuvo resultado, porque su agrupación perdió.
En casos de
linchamiento mediático distintos del acoso sexual (un cliente racista, un
inquilino moroso, un conductor prepotente), suele existir un elemento visual
que despierta la ira, como un video. Este elemento normalmente no existe en las
denuncias de acoso sexual, pero sí está presente la convicción de que toda
denuncia es cierta y que toda denunciante es una víctima que debe ser
apoyada. Dudar de la denuncia es ser
cómplice del agresor; conceptos como presunción de inocencia y derecho de
defensa quedan descartados y resulta moralmente válido castigar al
acusado.
Como saben mis amigos, desde
noviembre yo también soy víctima de un prolongado linchamiento mediático: un
grupo de alumnas me acusan de encubridor de acosadores. Inclusive recientemente elaboraron un video
en el cual varias estudiantes relatan relatan el falso testimonio de una víctima
de acoso que llora en mi oficina y yo, lejos de conmoverme, bloqueo su denuncia
para respaldar al agresor.
La acusación es
absurda, porque el Defensor Universitario de la PUCP no puede bloquear una
denuncia. En otras Universidades, la
Defensoría es el filtro que decide si las quejas por acoso van a ser
procesadas, pero no es el caso de la PUCP, donde cualquier persona puede plantear
directamente la denuncia. Yo he
apoyado a todas las víctimas de acoso que han llegado a mi oficina y he pedido
conversar con quienes me difaman, pero se rehúsan a hacerlo.
Como señala José
Ignacio Palma en una reciente entrevista, las que más pierden en estos casos
son las verdaderas víctimas de acoso sexual, porque con cada denuncia falsa,
ellas pueden sentir que se dudará de su palabra si se animan a denunciar. Eso deberían pensar quienes usan las redes
sociales de manera irresponsable... y deberían pensar también en el terror sin
final que imponen a personas inocentes y a sus familias.
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