sábado, julio 13, 2013

RP 466: Crónica de la Primera Entrega

La vida en el Perú da muchas vueltas: cuando hace siete años, Antauro Humala fue detenido tras tomar la comisaría de Andahuaylas, era difícil imaginar que, poco después, el retrato de su hermano Ollanta se encontraría allí mismo, en calidad de Presidente. 
En mi caso, en ese momento a mí tampoco se me hubiera ocurrido que visitaría esa misma comisaría para distribuir el Manual para el Empleo del Quechua en las Comisarías, que elaboré con Gavina Córdova.   Menos aún me hubiera imaginado que el policía que hacía de maestro de ceremonias, daría la bienvenida y presentaría a los invitados de la PUCP hablando en perfecto quechua, inclusive diciendo amachaq en lugar de abogado y otras expresiones más complejas para sociolingüista y antropólogo.
Han sido días muy intensos recorriendo diversas ciudades de Apurímac con mis colegas, para entregar los manuales y compartir los resultados de nuestra investigación con autoridades, funcionarios y maestros.   Como sucedió en la comisaría, he notado que muchos apurimeños han perdido la timidez respecto a ser escuchados en quechua.   Por ejemplo, después de nuestra primera presentación en el Gobierno Regional de Abancay, unas quince alumnas del colegio estatal Aurora Inés de Tejada teatralizaron una poesía en quechua, con una seguridad y soltura que hace pocos años hubiera sido inconcebible.  Por su parte, los profesores del colegio Tarpurisunchis me obsequiaron un diccionario escolar a todo color de quechua, con las definiciones en ese idioma.
Luis Mujica siempre se dirigía a las personas en quechua y ya no le contestaban en castellano como antes.  Inclusive los mozos del hotel de Abancay, a quienes conozco desde hace más de 10 años y nunca les había escuchado una palabra en quechua, ahora bromeaban con él en ese idioma.
La parte más arriesgada de nuestro recorrido fue el viaje a Chuquibambilla, capital de la provincia de Grau, unida con Abancay por una carretera angostísima, aunque bien asfaltada.   En el pueblo no había ni taxis ni mototaxis disponibles y me tocó subir con los Manuales hasta la precaria comisaría, ubicada en una pequeña loma, acompañado por un integrante del Serenazgo, que estaba muy contento haciendo juegos de palabras en quechua.   Una hora después, hicimos la presentación de la investigación ante profesores y estudiantes y todas sus intervenciones fueron en quechua.  
Evidentemente, al menos en los sectores urbanos, hablar quechua ya no es una confesión de inferioridad, pero muchos campesinos todavía temen que si sus hijos hablan ese idioma, no aprenderán bien castellano y serán discriminados.  
De Chuquibambilla, retornamos a Abancay durante la noche, por la estrecha carretera, con neblina y lluvia, pero afortunadamente sin mayores contratiempos. 
A la mañana siguiente, hicimos la entrega de los Manuales en la Región Policial de Apurímac, lo que generó fotos en los periódicos,  y acto seguido partimos hacia Andahuaylas, por una carretera que desde hace años vienen anunciando que pronto será asfaltada.    
En Andahuaylas, curiosamente, encontramos nuevas formas de discriminación, esta vez  hacia quienes no escriben “correctamente” el quechua, es decir según el alfabeto oficial que no incluye letras como la e o la o (trivocálico).
-Una no se atreve a escribir por temor a equivocarse –declaró una funcionaria municipal.
-Yo en realidad no sé quechua –nos diría después el policía que había dado el discurso de bienvenida en la comisaría–porque no sé escribir. 
Desde Andahuaylas, un patrullero nos llevó hasta la localidad de Pacucha, a orillas de la laguna del mismo nombre, donde se encuentra la Escuela de Policía de Apurímac.   Llegamos en pleno examen de admisión: más de setecientos jóvenes, estaban postulando para ocupar una de las 170 plazas, debiendo pagar cada uno 275 soles.   
Lo extraño para mí era que se exigiera a los postulantes presentarse en terno oscuro y a las chicas en traje sastre, como si fueran a trabajar de secretarias.   La única excepción eran quienes habían hecho el servicio militar, que tenían uniforme de camuflaje.   Toda esa vestimenta contrastaba con las madres que los esperaban a la puerta usando polleras.  Pensé que para muchas familias campesinas, tener un hijo policía podía implicar la seguridad económica, en medio de tantas incertidumbres.  
El Director de la Escuela nos agradeció efusivamente la entrega de los Manuales, pero nosotros le precisamos, que, si bien pueden ser muy útiles para mejorar la atención a la población, sigue siendo necesario que se evalué el manejo del quechua por parte de los futuros policías.   De hecho, los cursos de quechua deberían ser obligatorios en las Escuelas de Policía de Cusco, Apurímac, Huancavelica y Ayacucho.   De la misma manera, en todas estas Escuelas sería lógico que el buen manejo del quechua diera mayores puntajes para el ingreso, pero los exámenes, preparados por ESAN, no consideran esta variable.

En las próximas semanas, el Manual será entregado a la Policía Nacional en Ayacucho y Cusco, con el apoyo de la Defensoría del Pueblo.   Seguiremos informando.      

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RP 465: Manual de Quechua para Policías

Allá por 1995 trabajaba como parte de la Misión de Paz de las Naciones Unidas en Cobán, una pequeña ciudad guatemalteca.   En esa región, la mayor parte de los habitantes hablan y escriben q’eqchi’ y no castellano.   Inclusive había una congregación de monjas indígenas, de orientación salesiana, que no sabían castellano.    Intenté aprender algunas palabras de q’eqchi’, pero el principal impulso lo recibí cuando regresé a Lima para Navidad.
-Si no aprendes, ¿cómo te vas a comunicar con ellos? –me preguntó mi hermana, que había perfeccionado su quechua después de un año de trabajar como médica en la localidad huanuqueña de Llata.
Nuevamente en Cobán, ubiqué a un profesor de q’eqchi’ y cuando alcancé un manejo adecuado del idioma, me dediqué a usarlo en la promoción de los derechos humanos: con la ayuda de varios traductores, preparamos un manual de derechos humanos y una versión popular de la Constitución guatemalteca.  Organicé un concurso de ensayos en q’eqchi’ sobre la problemática indígena y finalmente logré que se publicara un diccionario de términos vinculados a los derechos humanos  y un glosario de términos penales, dirigidos a abogados, jueces y traductores.  En el colmo de la osadía lingüística, terminé dando clases de q’eqchi’ a guatemaltecos que no conocían el idioma.
Cuando regresé al Perú, quise hacer lo mismo en cuanto al quechua, pero encontré  un panorama muy diferente.  Aún en las ciudades andinas era difícil encontrar una persona menor de treinta años, con estudios universitarios, que hablara quechua (o que quisiera hablarlo).  “Mis padres no me dejaron aprender quechua”, me decían muchas personas.  Otras repetían que el quechua estaba en vías de desaparición.   Casi no había ningún texto escrito en quechua e inclusive algunos lingüistas sostenían que era mejor que no hubieran, porque se trataba de una lengua oral.   
En los últimos años, la situación ha venido cambiando.   Una serie de municipalidades y gobiernos regionales exigen el quechua para sus nuevos empleados.  Cada vez hay más cursos de quechua en Lima y otras ciudades.  He encontrado varias obras literarias publicadas por la Universidad Villarreal y por Ediciones Altazor.   En Apurímac, hace algunos años, el Gobierno Regional lanzó el programa Quechua para Todos, destinado a fomentar el uso del quechua en la región. 
Respecto a este último proceso, hace tres años, comenzamos una investigación con otros profesores de la PUCP: Virginia Zavala,  Gavina Córdova y Luis Mujica.   En mi caso, debía ocuparme sobre el uso del quechua en la administración de justicia y pronto me di cuenta que, después de la Justicia de Paz, la institución más cercana a los quechuahablantes era la Policía Nacional”.  “El policía está cerca de todos los sectores sociales”, me dijo una mujer policía de Chincheros.   “Cuando no les entiendo, llamo a un policía”, me comentaba un fiscal. 
“Vienen angustiados a la comisaría, buscando una orientación, aún en temas que no son policiales”, recordaba un policía.   Una colega suya corroboraba: “Los engañan, les amenazan que les van a quitar todo, pero nosotros les orientamos y te agradecen mucho”.
Algunos oficiales sostenían que, desde hace algunos años, con la apertura de nuevas Escuelas para Suboficiales en Ayacucho, Huancavelica y Apurímac, el número de policías que hablan y comprenden el quechua se ha incrementado mucho.   Sin embargo, no se evalúa el manejo de quechua por los policías antes de enviarlos a las zonas rurales y tampoco se dan clases de quechua en las mencionadas escuelas.
Por eso, existe un sector de policías que desconoce el quechua.    “No tuve ocasión de aprender” dice un joven policía de Andahuaylas.   Otros no logran expresarse con fluidez.   Aún quienes dicen que saben, pueden tener serias dificultades para enfrentar una situación difícil.  “Cuando lloran no se les entiende”, me comentó hace unos días un policía en el Ministerio del Interior.   Esta frase grafica la desesperación con que acuden a las comisarías tantas personas, especialmente mujeres.  “Se les viene el mundo encima” comentó otra policía.
Este panorama nos decidió a elaborar un manual de quechua para las comisarías, en el que aparecen diálogos sobre situaciones cotidianas, como una denuncia por violencia familiar, un niño extraviado o un accidente.    Las expresiones en quechua fueron redactadas por Gavina Córdova, una de las personas con mayor capacidad para reflexionar sobre los contenidos lingüísticos.   El libro acaba de salir de imprenta y, mientras escribo estas líneas, me encuentro en Apurímac con mis colegas para hacer la distribución.  Espero que más ejemplares puedan llegar pronto a los policías de Cusco, Ayacucho, Huánuco y otros lugares. 

Ojalá que este primer esfuerzo motive a otras instituciones, como el Banco de la Nación o el Ministerio de Salud para hacer lo mismo y así la barrera lingüística que separa a millones de peruanos del Estado por fin se vaya rompiendo.   No saben la alegría que me causa estar contribuyendo a este proceso. 

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martes, abril 28, 2009

Pronunciamiento de los profesores de Lingüística de la Universidad Católica

A LA OPINIÓN PÚBLICA

Frente a la reciente publicación, en un diario local (Correo, 23/4/09), de apuntespersonales redactados por la congresista Hilaria Supa durante un debate en la sede del Congreso, los profesores de la Sección de Lingüística de la Pontificia Universidad Católica del Perú expresamos a la opinión pública lo siguiente:

1. Existe una sustancial diferencia entre los apuntes personales, como un géneroespecial de la lengua escrita, y otros textos de índole formal, que suponen un trabajo específico de elaboración y revisión. Esta distinción refleja la versatilidad de los redactores, quienes son capaces de distinguir entre diversas formas del código según el contexto en que la escritura se produce. Así, un redactor puede estar en condiciones de escribir a un amigo un mensaje electrónico en un registro coloquial y, minutos después, elaborar un artículo académico en un registro formal. Por tanto, desde el punto de vista lingüístico, es engañoso juzgar el manejo de la escritura que tiene un redactor sin tomar en cuenta esta distinción de géneros y registros.

2. Las faltas de ortografía y redacción contenidas en el texto fotografiado por Correo son expresión de la base fonológica y gramatical que la congresista Supa posee en virtud de su lengua materna, el quechua. Esta base genera, como es natural, una influencia en la adquisición del castellano como segunda lengua. Este tipo de influencia es común entre los bilingües quechua-castellano, quienes, en su gran mayoría, no han podido consolidar su aprendizaje del segundo idioma en condiciones apropiadas, como las que podría brindar la educación intercultural bilingüe, por razones políticas y económicas. Por tanto, no se puede juzgar la competencia en la escritura castellana de la congresista Supa como una dimensión independiente de su condición de quechuahablante, y hacerlo constituye una manipulación de los hechos lingüísticos.

3. Los problemas de ortografía propios de los bilingües, como el cambio de las vocales i/e y u/o y las faltas de concordancia, constituyen elementos importantes de un estereotipo acerca de los quechuahablantes que se ha generalizado en una sociedad jerarquizadora como la peruana. Este estereotipo consiste en pensar que dichos hablantes son, por necesidad, individuos carentes de inteligencia, cultura y educación, individuos que pueden ser calificados, en suma, de personas ignorantes. De este modo, a partir de las faltas mencionadas, Correo infiere que la congresista Supa posee las características descritas, lo que queda reflejado en el titular de portada “¡Qué nivel!” (Correo, 23/4/09) y en la columna de su director (24/4/09), en la que afirma: “Tocábamos el tema [de la escritura de la congresista] porque nos preocupa que el bajo nivel intelectual del Congreso dañe tanto a nuestra democracia”. Queda claro, pues, el carácter discriminador de este procedimiento, basado en un estereotipo.

4. Otro hecho que es indispensable considerar en este caso reside en que las interferencias del sistema vocálico y de la sintaxis del quechua en el castellano constituyen dos de los rasgos lingüísticos más estigmatizados por los monolingües castellanos en el habla de los bilingües; es decir, estamos ante una de las características lingüísticas que con mayor frecuencia se utilizan para juzgarnegativamente a dichos hablantes y discriminarlos. Quienes insisten en juicios como los que son materia de este pronunciamiento contribuyen a perpetuar unamanifestación de violencia lingüística que se ha venido infligiendo en el Perú desde hace siglos contra los hablantes de lenguas indígenas cuando se expresan en castellano.

5. Todas las lenguas constituyen una reserva de sabiduría acumulada por generaciones de hablantes que han tenido una particular e irrepetible relación con el mundo. Desde el punto de vista lingüístico, valen tanto, pues, el quechua como el castellano, el asháninka como el inglés, el shipibo como el chino. Sin embargo, en nuestro país, la falta de manejo de un aspecto del castellano —la escritura— se entiende por algunos como una carencia inadmisible en alguien que ejerce un cargo de representación, mientras que gran parte de los hablantes del castellano no reconocen como un problema la ignorancia de aspectos básicos del quechua, del aimara y de las lenguas amazónicas. Desde nuestro punto de vista, esta percepción expresa falta de cultura y, a la vez, refleja la desigual distribución de espacios de poder no solo para las lenguas peruanas sino también para sus hablantes.

6. Por todas estas razones, los profesores de la Sección de Lingüística de la Pontificia Universidad Católica del Perú condenamos este acto de discriminación y violencia lingüística. Actos como estos son inaceptables en una sociedad democrática, embarcada en la búsqueda de una convivencia creativa y enriquecedora entre sus diversas matrices culturales. Sin embargo, nos complace, al mismo tiempo, ser testigos de la pluralidad de reacciones en contra que este hecho lamentable ha generado. (27/04/2009)

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