domingo, enero 05, 2014

¿TENDREMOS EN EL PERÚ (POR FIN) UN NUEVO CARDENAL?


En Brasil, Paraguay (donde nunca ha habido un cardenal) y otros países, se aguarda con expectativa el próximo anuncio que hará el Papa Francisco sobre el nombramiento de nuevos cardenales.   En el Perú no existe mucho debate al respecto, por lo que conviene compartir algunas ideas.

Desde hace algunos meses se rumorea en círculos eclesiásticos que el Papa Francisco reemplazaría a Juan Luis Cipriani o le daría un cargo simbólico en Roma ante las múltiples quejas existentes.    El último pedido para que Cipriani fuera reemplazado estuvo a cargo del Premio Nobel Mario Vargas Llosa en una entrevista en La República. 

Otra posibilidad es que el Papa decida mantener a Cipriani, pero nombrar a uno o dos cardenales más, con lo cual disminuiría drásticamente su poder.   No es una posibilidad descabellada: si vemos el número de católicos peruanos, existe una evidente desproporción frente a países como Italia, con 26 cardenales y Estados Unidos con 11.       

Los obispos más voceados para un posible nombramiento son el Arzobispo de Ayacucho, Salvador Piñeiro, cuya personalidad carismática le logró el aprecio de muchas personas mientras trabajó en Lima, y el Arzobispo de Huancayo, Pedro Barreto, muy comprometido con la causa ecológica y los derechos humanos.  Barreto es jesuita como el Papa y trabajaron juntos en la reducción del documento de Aparecida.    Hay quienes creen que el Papa podría escoger a otro sacerdote peruano, aunque no sea obispo, con los cuales las posibilidades serían mucho mayores.     Debe precisarse que existe también el rumor que podría ser promovido el Arzobispo de Arequipa, Javier Del Río, de clara tendencia conservadora, aunque sin la agresividad de Cipriani ni el respaldo que de manera permanente y pública ha dado hacia Fujimori.     

Los progresistas podrían tener razón para tener confianza, dadas las decisiones que el Papa ha tenido en estos diez meses, desde el nombramiento de Pietro Parolin, como nuevo Secretario de Estado hasta el retiro del cardenal estadounidense Raymond Burke, quien hasta diciembre integraba la Congregación para los Obispos y así tenía mucha injerencia en nuevos nombramientos, pero ha sido enviado de regreso a su país.  

De hecho, se piensa que entre los nuevos cardenales estarán Parolin y Gerhard Müller, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, muy cercano a Gustavo Gutiérrez.  El año pasado Müller cuestionó públicamente a Cipriani por prohibir a varios sacerdotes enseñar Teología en la PUCP y éste, en uno de sus momentos de descontrol, lo ha acusado de “ingenuo”.  Otro nuevo cardenal sería el inglés Vincent Nichols, quien durante varios años fue acosado por sectores conservadores por permitir misas para la comunidad homosexual.

En un principio, se pensaba que el anuncio se realizaría el día de hoy,  después del rezo del Angelus por el Día de la Epifanía, que en el Perú llamamos Día de los Reyes Magos.  Ahora se cree que puede ser el miércoles 22 de enero, es decir, con un mes de anticipación para la ceremonia del 22 de febrero, en que los elegidos recibirán el capelo cardenalicio.


En setiembre, después que el Papa celebró misa con Gustavo Gutiérrez en la capilla de Santa Marta, Cipriani se trasladó a Roma por varios días.   Su larga permanencia ni siquiera le permitió enfrentar los graves escándalos sexuales suscitados por dos obispos cercanos a él, uno en Lima y otro en Ayacucho.   Parecía que estaba buscando una ubicación en la curia o dentro del propio Opus Dei, al saber que pronto dejaría el Perú.   

Sin embargo, su violenta reacción el sábado contra Vargas Llosa y contra monseñor Bambarén, a quien acusó de senil, lo vuelve a mostrar envalentonado.  ¿Será que se siente confiado en que por esta vez el Papa no realizará ningún nombramiento en el Perú?  En todo caso, en estos meses Francisco no ha dejado de sorprender con sus decisiones y en este mes de enero podría volverlo a hacer. 

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lunes, diciembre 01, 2008

Pilar Coll comenta El Nuevo Mundo de Almudena


Es un placer estar con ustedes esta noche estrenando un oficio desconocido para mí como es presentar una novela pero que asumo con gusto por el tema, y por la amistad con Wilfredo pero como mera aficionada.


De hecho, esta tarde, cuando salía del penal y le comenté a una persona que venía a presentar una novela, me miró como si fuera un acto de lo más frívolo, pero yo puedo decir que aprendí muchísimo más sobre el Perú a través de las novelas de Arguedas o Alegría que por medio de tratados de sociología.

“El nuevo mundo de Almudena”, se inserta en lo que en literatura se llama novela corta, -78 páginas- Es ágil y con buena calidad literaria. Los ambientes, tanto de un sector de Lima como del pequeño pueblo de la selva, Santa Rita de Castilla, son descritos con maestría y fuerza. Los diálogos son ágiles y las descripciones, llenas de colorido y fino sentido del humor. Y no falta alguna referencia al racismo, perfectamente comprensible siendo Wilfredo Ardito el autor. La edición, muy cuidada y una portada de calidad.

Pero quisiera centrarme especialmente en los personajes españoles que son casi todos. Confieso que al empezar la lectura, temí que la novela tuviera un cierto cariz anti español, seguramente merecido, pero me equivoqué.

Gracias, Wilfredo por ese enfoque positivo y por no abusar de las lisuras. Me fastidian un tanto esas películas españolas en donde cada palabra va envuelta en dos lisuras y la verdad que mis paisanos son malhablados pero no tanto…

La protagonista, Almudena, una muchacha española, novia de un mayor de la policía que viene como voluntaria a trabajar al Perú con unas religiosas, se interna en la selva con ellas y se integra perfectamente y se compromete con el Perú y sus gentes, cuando su novio en su visita quiere llevársela con él, le dice: “Yo amo este país”. No hace esto por masoquismo sino porque ha sido capaz de descubrir, más allá de los aspectos negativos, los valores de la gente y las necesidades apremiantes. Confieso que me he sentido muy identificada con Almudena aunque nunca he trabajado en la selva ni en las condiciones de aislamiento en que ella lo hace. Es admirable su rápida aceptación de lo peruano, con todas sus contradicciones.

Un perfil muy diferente es su novio Chema o José Manuel, un mayor de la policía un tanto rígido, al que le chocan multitud de cosas pero un hombre con referentes éticos claros. No estoy segura de que este sea el perfil de los policías españoles, en mis tiempos de estudiante “los grises”, como les decíamos eran terribles.

Totalmente desubicado, cuando llega a Lima, quiere ir en taxi a la selva, en concreto a Santa Rita de Castilla, un pueblo de la Amazonía, un lugar al que solo se puede llegar en canoa vía el río Amazonas ¿o el Marañón?. A mí esto también me sucedió cuando estaba en Puno hace más de treinta años, tan confiada en que podría llegar en taxi de un pueblo a otro y pasé todo un día esperando que algún camión me llevara a mi destino.

A José Manuel le roban nada más llegar al barco, tiene temor al llegar a Lima que lo rodeen delincuentes, se expresa a la española lo que ocasiona algunas confusiones divertidas con los chiquillos en la escuela. Me acuerdo yo misma cómo cuando llegué al Perú las jóvenes de Trujillo me decían “Háblanos de ustedes” y a mí me chocaba porque era “vosotras” lo que me salía a manera de expresión de mayor confianza.

En un principio, José Manuel no entiende de la labor de Almudena y del equipo de religiosas y el sacerdote que trabajan con tanta dedicación porque no entiende “las razones del corazón”. En la página 67 se aprecia esta confrontación entre José Manuel y los demás, como ya ha señalado José Barletti.

La inserción de los miembros del equipo y su compromiso con el pueblo me parecen notables: monjitas que por su atuendo nadie pensaría que lo son, que celebran con baile el cumpleaños de una de ellas, con participación de la población, incluidos los policías. Además, cuando hay una leva, el párroco, el Padre Felipe, que en España estuvo en la cárcel por oponerse al servicio militar obligatorio, no teme hacer pasar por catequistas y promotores a jóvenes, es decir, miente con tal de librarlos de la ominosa leva con todos los maltratos que esta conlleva. Hay un sinfín de detalles que revelan su compromiso y su identificación con el pueblo.

Pero sí hay un personaje español al que Wilfredo le da duro: Francisco, el gerente de un banco español en Lima, amigo del mayor, un sinvergüenza redomado, despreciado por la gente honesta que lo conoce, como ocurre en un restaurante y también se ve en las referencias que hacen las monjas sobre él. Paco y sus amigos, casi todos españoles (de Telefónica, Repsol etc.), tienen una actitud de desprecio para los peruanos. Hay allí una frase muy fuerte que señala uno de los personajes, un vasco, quien dice que a los peruanos por comer tanto arroz se les ha atrofiado el cerebro.

Déjenme señalar que una escena que me ha parecido notable el diálogo de José Manuel con los policías de Santa Rosa y siempre sucede que cuando uno llega por esos lugares le quieren sacar el jugo. Las religiosas le han pedido que les hable de ética y también algunas otras nociones pero a los policías peruanos no parece interesarles mucho el tema, uno dormita y solo se interesan cuando el teniente pregunta cuánto gana los policías en España. Está en la página 60 y es divertidísimo.

Lo único que no me ha gustado de la novela es en la primera parte ese paso de un ambiente a otro, volviendo atrás, escenas en el barco y a continuación, el relato de la noche anterior en Lima con su amigo Francisco. Debe ser un procedimiento moderno porque Vargas Llosa también lo usa en algunas de sus novelas pero personalmente me incomoda.

No quiero contarles más del argumento porque lo que les recomiendo es que la lean. Creo que puede catalogarse sin temor entre las novelas ejemplares aunque Wilfredo no sea todavía un Miguel de Cervantes. Quizás tendría para esto que pasar una temporada en cárceles como las que yo visito. Eso sí, no te garantizo, Wilfredo, que te lleve frutas, porque ahora me son muy pesadas, pero sí te haré llegar al menos un Sublime.

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