lunes, diciembre 01, 2008

Pilar Coll comenta El Nuevo Mundo de Almudena


Es un placer estar con ustedes esta noche estrenando un oficio desconocido para mí como es presentar una novela pero que asumo con gusto por el tema, y por la amistad con Wilfredo pero como mera aficionada.


De hecho, esta tarde, cuando salía del penal y le comenté a una persona que venía a presentar una novela, me miró como si fuera un acto de lo más frívolo, pero yo puedo decir que aprendí muchísimo más sobre el Perú a través de las novelas de Arguedas o Alegría que por medio de tratados de sociología.

“El nuevo mundo de Almudena”, se inserta en lo que en literatura se llama novela corta, -78 páginas- Es ágil y con buena calidad literaria. Los ambientes, tanto de un sector de Lima como del pequeño pueblo de la selva, Santa Rita de Castilla, son descritos con maestría y fuerza. Los diálogos son ágiles y las descripciones, llenas de colorido y fino sentido del humor. Y no falta alguna referencia al racismo, perfectamente comprensible siendo Wilfredo Ardito el autor. La edición, muy cuidada y una portada de calidad.

Pero quisiera centrarme especialmente en los personajes españoles que son casi todos. Confieso que al empezar la lectura, temí que la novela tuviera un cierto cariz anti español, seguramente merecido, pero me equivoqué.

Gracias, Wilfredo por ese enfoque positivo y por no abusar de las lisuras. Me fastidian un tanto esas películas españolas en donde cada palabra va envuelta en dos lisuras y la verdad que mis paisanos son malhablados pero no tanto…

La protagonista, Almudena, una muchacha española, novia de un mayor de la policía que viene como voluntaria a trabajar al Perú con unas religiosas, se interna en la selva con ellas y se integra perfectamente y se compromete con el Perú y sus gentes, cuando su novio en su visita quiere llevársela con él, le dice: “Yo amo este país”. No hace esto por masoquismo sino porque ha sido capaz de descubrir, más allá de los aspectos negativos, los valores de la gente y las necesidades apremiantes. Confieso que me he sentido muy identificada con Almudena aunque nunca he trabajado en la selva ni en las condiciones de aislamiento en que ella lo hace. Es admirable su rápida aceptación de lo peruano, con todas sus contradicciones.

Un perfil muy diferente es su novio Chema o José Manuel, un mayor de la policía un tanto rígido, al que le chocan multitud de cosas pero un hombre con referentes éticos claros. No estoy segura de que este sea el perfil de los policías españoles, en mis tiempos de estudiante “los grises”, como les decíamos eran terribles.

Totalmente desubicado, cuando llega a Lima, quiere ir en taxi a la selva, en concreto a Santa Rita de Castilla, un pueblo de la Amazonía, un lugar al que solo se puede llegar en canoa vía el río Amazonas ¿o el Marañón?. A mí esto también me sucedió cuando estaba en Puno hace más de treinta años, tan confiada en que podría llegar en taxi de un pueblo a otro y pasé todo un día esperando que algún camión me llevara a mi destino.

A José Manuel le roban nada más llegar al barco, tiene temor al llegar a Lima que lo rodeen delincuentes, se expresa a la española lo que ocasiona algunas confusiones divertidas con los chiquillos en la escuela. Me acuerdo yo misma cómo cuando llegué al Perú las jóvenes de Trujillo me decían “Háblanos de ustedes” y a mí me chocaba porque era “vosotras” lo que me salía a manera de expresión de mayor confianza.

En un principio, José Manuel no entiende de la labor de Almudena y del equipo de religiosas y el sacerdote que trabajan con tanta dedicación porque no entiende “las razones del corazón”. En la página 67 se aprecia esta confrontación entre José Manuel y los demás, como ya ha señalado José Barletti.

La inserción de los miembros del equipo y su compromiso con el pueblo me parecen notables: monjitas que por su atuendo nadie pensaría que lo son, que celebran con baile el cumpleaños de una de ellas, con participación de la población, incluidos los policías. Además, cuando hay una leva, el párroco, el Padre Felipe, que en España estuvo en la cárcel por oponerse al servicio militar obligatorio, no teme hacer pasar por catequistas y promotores a jóvenes, es decir, miente con tal de librarlos de la ominosa leva con todos los maltratos que esta conlleva. Hay un sinfín de detalles que revelan su compromiso y su identificación con el pueblo.

Pero sí hay un personaje español al que Wilfredo le da duro: Francisco, el gerente de un banco español en Lima, amigo del mayor, un sinvergüenza redomado, despreciado por la gente honesta que lo conoce, como ocurre en un restaurante y también se ve en las referencias que hacen las monjas sobre él. Paco y sus amigos, casi todos españoles (de Telefónica, Repsol etc.), tienen una actitud de desprecio para los peruanos. Hay allí una frase muy fuerte que señala uno de los personajes, un vasco, quien dice que a los peruanos por comer tanto arroz se les ha atrofiado el cerebro.

Déjenme señalar que una escena que me ha parecido notable el diálogo de José Manuel con los policías de Santa Rosa y siempre sucede que cuando uno llega por esos lugares le quieren sacar el jugo. Las religiosas le han pedido que les hable de ética y también algunas otras nociones pero a los policías peruanos no parece interesarles mucho el tema, uno dormita y solo se interesan cuando el teniente pregunta cuánto gana los policías en España. Está en la página 60 y es divertidísimo.

Lo único que no me ha gustado de la novela es en la primera parte ese paso de un ambiente a otro, volviendo atrás, escenas en el barco y a continuación, el relato de la noche anterior en Lima con su amigo Francisco. Debe ser un procedimiento moderno porque Vargas Llosa también lo usa en algunas de sus novelas pero personalmente me incomoda.

No quiero contarles más del argumento porque lo que les recomiendo es que la lean. Creo que puede catalogarse sin temor entre las novelas ejemplares aunque Wilfredo no sea todavía un Miguel de Cervantes. Quizás tendría para esto que pasar una temporada en cárceles como las que yo visito. Eso sí, no te garantizo, Wilfredo, que te lleve frutas, porque ahora me son muy pesadas, pero sí te haré llegar al menos un Sublime.

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