domingo, julio 06, 2008

NO BASTAN LAS DISCULPAS, SEÑOR MASÍAS

Cuatro semanas tardó Manuel Masías en darse cuenta de su error y aceptar disculparse, pero no frente a Abrham Nina, César Cavero, Daniel Távara o Jorge Chávez, sino ante las cámaras de televisión. Ninguno de los ciclistas detenidos ilegalmente la noche del 5 de junio y golpeados brutalmente en la Comisaría de Miraflores estuvo presente en el supuesto desagravio, con lo cual las disculpas de Masías perdieron bastante del deseado efecto mediático. ¿Por qué no acudieron?
Porque lo que menos preocupa a los cuatro jóvenes son las disculpas del Alcalde. Ellos todavía son víctimas de bastantes problemas concretos después de esa noche fatal: siguen procesados con orden de comparecencia, bajo la amenaza adicional de no sólo ser acusados de robo sino también de comercialización de droga. Todavía no se reponen de los perjuicios económicos generados por los días en prisión, en que tampoco sus familias pudieron trabajar. También persisten los efectos de la humillación sufrida ante las cámaras de televisión, al ser presentados como Los Malditos de Larcomar. Los ciclistas insisten con ansiedad ante cualquier interlocutor sobre su inocencia, porque, si las autoridades no les creen, ¿por qué habría de creerles la gente?
El Alcalde Masías ha anunciado como propósito de enmienda que no participará más en las exhibiciones de delincuentes detenidos. ¿Esto quiere decir que estas exhibiciones continuarán en Miraflores, solamente que sin la presencia del Alcalde? ¿Son los integrantes del Serenazgo y los policías las personas más adecuadas para determinar quién es un delincuente "exhibible"?
Los policías que los abofeteaban para obligarles a gritar "¡Nunca más volveré a Miraflores!" todavía siguen en funciones. ¿No hubiera debido lamentar estos hechos el Alcalde o pedir que fueran sancionados? ¿No es parte de la seguridad ciudadana impedir que ningún visitante a Miraflores sea violentamente agredido? Un sincero propósito de enmienda habría llevado a que Masías sancionara a los serenos que golpearon a los ciclistas en la avenida Larco y con sus botas les presionaban la cabeza contra la acera.
Masías no dijo una sola palabra ante todos estos hechos de violencia, pero esperaba que los cuatro ciclistas llegaran a las once de la noche desde San Juan de Lurigancho hasta Jesús María a estrecharle una mano vacía. En realidad, la Municipalidad tiene tantos recursos que bien podría preocuparse de una reparación digna a las cuatro víctimas y ahorrarles el tiempo y el gasto de un proceso legal. El temor de los jóvenes, seguramente, es que todo se olvide, como sucedió con Cristian Venancio, el vendedor ambulante asesinado por uno de los serenos de San Isidro.
Masías dice que en estos hechos no hubo ningún matiz de racismo o discriminación. ¿Acaso a cuatro jóvenes blancos o miraflorinos les hubiera ocurrido lo mismo?
En un país donde el cinismo entre los políticos es la regla, las tardías disculpas de Masías podrían parecer un paso adelante, pero de allí a pensar que son suficentes, sería subestimar la dignidad de las personas.

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