jueves, enero 09, 2014

RP 493 Las violentas "rondas urbanas"

Muchas personas han quedado conmocionadas al ver a un grupo de “ronderos urbanos” azotar a las trabajadoras de un club nocturno en Cajamarca, con el argumento que se trataba de prostitutas.    Semanas antes, cinco médicos y tres enfermeras fueron azotados por otra “ronda urbana” en Cutervo, por estar bailando en una discoteca.
En medio de la confusión que normalmente existe respecto a la administración de justicia comunitaria, había quienes creían que se trataba de “rondas campesinas” que estarían buscando moralizar Cajamarca.
En realidad, las “rondas urbanas” son un fenómeno relativamente nuevo: grupos de personas que, ante el crecimiento de la delincuencia, declaran que pondrán orden sancionando violentamente a los delincuentes.   Sin embargo, para ellos los delincuentes pueden ser personas ebrias, prostitutas, homosexuales, adúlteros… o deudores.   Sí, porque cuando alguien tiene un deudor moroso puede llamar a la ronda urbana para que golpee al remiso hasta que pague.    Los golpeadores, por supuesto, cobran una parte de la deuda.   
En un caso reciente, el deudor había pagado ya cuando la ronda lo golpeó brutalmente… y luego los agresores reclamaron al acreedor su pago, porque “habían cumplido con el trabajo”
Estos hechos muestran que estas “rondas urbanas” poco tienen que ver con justicia o con algún tipo de valor moral, aunque sí con el vacío de poder que puede existir en varias ciudades del norte del Perú.   De un lado, la Policía se muestra muchas veces incapaz de enfrentar la creciente delincuencia, pero la situación se complica porque muchos fiscales creen que su función es archivar denuncias (no hay ningún error en lo que he escrito, pues inclusive es una meta en algunas fiscalías), logrando de esta forma generar una sensación de impunidad.
Las rondas urbanas no tienen reconocimiento constitucional, legal o judicial.   En la ciudad de Cajamarca cuentan sí con el reconocimiento de la Municipalidad, que sin embargo, no es ningún aval para golpear personas o administrar justicia.   Lamentablemente, se han convertido en agrupaciones tan violentas que los propios jueces, fiscales o policías tienen temor de ser agredidos o también temor de que, si pretenden procesarlos, se les diga que están impidiendo a los ciudadanos defenderse de la delincuencia.  De hecho, un sector de la población, todavía considera que los crímenes que cometen los ronderos urbanos se justifican porque “la sociedad está corrompida” o porque “la gente no entiende de otra manera”.    
Lamentablemente, creo que existe un sector de magistrados y fiscales que prefiere lavarse las manos frente a estos hechos y también están quienes tienen una confusión con las rondas campesinas y creen que se está ante una forma de justicia comunal, producto de una “cultura diferente”.   Para algunos limeños, toda Cajamarca es una zona rural.
A diferencia de las rondas campesinas, que tuvieron inicialmente la asesoría de la Iglesia Católica para evitar situaciones violentas y buscaban solucionar los conflictos, estas “rondas urbanas” solamente emplean la agresión física de manera prepotente e irracional. 

Es indispensable, por lo tanto, la intervención de las autoridades para sancionar los últimos hechos de violencia ocurridos en Cajamarca y Cutervo.   Es fundamental también que las rondas campesinas, las auténticas, se pronuncien al respecto, deslindando con los castigos físicos que todavía suelen imponer.   

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