domingo, enero 19, 2014

RP 494: El Odio, las Playas y el Facebook

El 15 de enero, los integrantes del colectivo Ciudadanos Luchando contra el Racismo recibimos un sorprendente mensaje de Facebook, se decía que habían cancelado la página que fundamos en junio del 2012… por difundir lenguaje de odio.
Evidentemente, se trata de una medida totalmente absurda: una página que precisamente luchaba contra el odio racial era clausurada, mientras muchas páginas racistas o machistas subsisten muy campantes.   Nosotros siempre hemos evitado los insultos y hemos tenido que borrar comentarios de personas que creían que ofender a los blancos era una forma de luchar contra el racismo.   En la página hemos condenado toda forma de racismo, sea hacia andinos, blancos, afroperuanos, orientales, judíos, gitanos, amazónicos o mestizos.
También hemos evitado sumarnos a “linchamientos antirracistas”, es decir, cuando los medios de comunicación significan a un personaje público, generalmente una actriz y muchas personas los insultan ferozmente.   Para nuestro colectivo, el racismo está presente en todos los peruanos, también en quienes creen no serlo (esos que dicen "Yo no soy racista, pero...")   Por eso, también hemos siempre tenido cautela antes de realizar denuncias públicas y buscamos comprobarlas siempre, como hicimos el pasado fin de semana en Naplo.   
Precisamente,  creemos que la clausura de la página se debe a que comenzamos a denunciar la discriminación en Naplo, Playa Hermosa, Huanchaco y otras playas.   Por un lado, llegaban centenares de adhesiones, pero también recibíamos mensajes agresivos de personas que empleaban un discurso “higiénico” o “ecológico”, rechazando a las personas sucias (“cochinos” es el término más frecuente) que no saben cuidar las playas.    Nosotros hemos comprobado que impide el acceso inclusive a bañistas que no pueden ensuciar nada, porque aún dentro del agua se han establecido barreras.  Los rasgos físicos son el principal factor que usan los vigilantes para discernir quién tiene “cara de residente”.  
Probablemente, para los playeros racistas, nuestra página se convirtió en una amenaza para sus privilegios y por ello no han vacilado en denunciarla masivamente a Facebook.   No les importa si la sociedad peruana pierde un espacio para generar cambios sociales… porque no quieren esos cambios.   Por eso es que escriben con tanto odio.
Criticar el apartheid playero es una osadía muy grande, porque implica criticar un orden de cosas basado en que “todo el mundo tiene su lugar”, como declaró un individuo que participa nada menos que en el coro de la Catedral de Chiclayo.    Y esta segregación se basa en algo peor todavía, creo que para muchos peruanos su sentimiento de poder o su autoreconocimiento se basa en la posibilidad de humillar a otro.   Desde niños se puede aprender a menospreciar a otro por su colegio, su color, su lugar de origen. 
Estamos ante una terrible cadena de menosprecio y desdén, donde es difícil encontrar quiénes son solamente víctimas y muchos quisieran, al menos por un momento, ser victimarios.   Así,  el provinciano ninguneado en Lima, se comporta de manera altiva al regresar a su pueblo. 
Por eso, denunciar el racismo generalizado de nuestra sociedad es cuestionar un orden de cosas basado en jerarquías, pero también en humillación.   Es decirle a los compatriotas que  humillar a otro es una confesión de debilidad o de escasa autoestima.  Reconocer que el racismo existe implica admitir que es absurdo hablar de unidad nacional, patriotismo o amor por la comida peruana si se coloca una soga para que otros compatriotas no se bañen cerca de mí o si uno duerme cómodamente, mientras la trabajadora del hogar se encuentra confinada en una habitación inhumana. 
Muchas veces, no es que una persona esté explotando o abusando del débil… pero al menos siente que puede reírse de él.   Recuerdo la extrema violencia que sufrió hace unos años Mónica Carrillo, Presidenta de Lundú por denunciar el racismo del Negro Mama.   Los insultos y agresiones provenían muchas veces de gente que seguramente nunca alternaba con personas negras, pero siente que el humor racista es como una válvula de escape para sus propias tensiones, pues permite sentir que hay gente inferior a uno mismo.
Luchar contra el racismo es por eso un reto enorme, porque, ser racista en el Perú es casi una válvula de escape, un mecanismo de defensa o de supervivencia. 

El lunes pasado, la página Ciudadanos Luchando contra el Racismo fue restablecida.   Allí los esperamos para seguir promoviendo la lucha contra la discriminación racial en nuestro país.

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