domingo, octubre 05, 2008

Reflexiones Peruanas Nº 220: -¿UCHIRAM JAKAUSHA URUTMAIT?

Muy pocos limeños comprenderían esta pregunta, que aparece en un manual elaborado por UNICEF para médicos que trabajan con indígenas wampís o huambisa en la selva de Amazonas… y muy pocas mujeres limeñas esperarían que alguna vez un médico les preguntara: “¿Cuántos hijos muertos tiene usted?”.

A veces pensamos que los problemas de salud derivan especialmente de decisiones personales: quien come muchas grasas aumenta las posibilidades de sufrir problemas en el corazón y sus articulaciones. Quien acostumbra manejar después de ingerir alcohol corre riesgos de sufrir un accidente de tránsito. Subir a vehículos peligrosos como los Ticos es otra forma de arriesgar la vida innecesariamente.

Sabemos que también la conducta de otras personas puede influir en nuestra salud. Aunque no fume, una persona muy expuesta al humo de cigarrillo, estará más propensa a contraer cáncer y enfermedades respiratorias. Un niño que viaja en el regazo de su madre en el asiento delantero de un automóvil, está más expuesto a una muerte segura en caso de una frenada intempestiva o una colisión.

Sin embargo, para los wampís, como para la mayor parte de peruanos, sus problemas de salud no derivan de conductas individuales, sino de determinantes sociales.

La capacidad económica es uno de los elementos centrales para asegurar la condición de salud de una persona: muchos conocemos casos de personas con enfermedades perfectamente curables en otros países, que deben organizar polladas o anticuchadas para costear su tratamiento. Otros, simplemente, deben resignarse a lo peor.

Los más pobres, además, tienen más dificultades para dar una alimentación balanceada para sus hijos y la desnutrición infantil determina la menor resistencia de la persona frente a las enfermedades que la misma pobreza genera, por ejemplo, por la ausencia de instalaciones de agua y desagüe.

Las autoridades no se preocupan por supervisar la calidad de los productos que consumen los más pobres. En muchas ciudades andinas, el alcohol metílico se vende a los campesinos a vista y paciencia de policías y fiscales. Tampoco parece ser importante supervisar el riesgo existente en sus actividades laborales. “Yo soy carpintero en Australia”, me dice un turista, “y nunca había visto personas que hagan ese trabajo sin protectores para la vista o los oídos. ¿Nadie controla esto?”. No, y nadie controla las condiciones en que trabajan los mineros informales o los cobradores de combi.

Pese al publicitado operativo Tolerancia Cero, no existe verdadera preocupación por las condiciones de seguridad en que los pobres se movilizan. Hace unos años, la intervención de los compradores norteamericanos de espárragos llevó a que los complejos agroexportadores dejaran de transportar a sus obreros en camiones. En Ica y La Libertad las autoridades se hacían la vista gorda, como siguen haciéndolo frente a todos los camiones que circulan por sus carreteras llevando pasajeros en la tolva. Además, salvo el tramo que une Lima con las elegantes playas del sur, las carreteras peruanas tienen un solo carril, lo cual hace más frecuente que se produzcan accidentes cuando un vehículo intenta adelantar.

La pobreza lleva también a una mayor vulnerabilidad frente a los desastres naturales: los pobres no pueden invertir en viviendas seguras o adecuadamente ubicadas. En el terremoto de Pisco, el flamante local de Inkafarma resultó intacto alrededor de centenares de viviendas destruidas. De hecho, continuó atendiendo hasta que la población lo saqueó.

Otro gran determinante social es el geográfico: en casi todo el Perú, sufrir de apendicitis o mal de Parkinson puede ser mortal. Para muchos campesinos y nativos, una radiografía implicaría un viaje de varios días, no digamos una ecografía o una tomografía. La cobertura del Ministerio de Salud privilegia visiblemente a la costa. En muchos departamentos de la sierra y la selva casi no existen médicos especialistas. Como se sabe, en los principales hospitales de Huancayo o Cusco, los médicos deben operar con serruchos y hachas, por la ausencia de instrumental básico.

Existen determinantes sociales que van muy unidos a los dos anteriores, como el bajo nivel educativo, y hay otros que afectan a todos los peruanos, como ausencia de políticas ambientales, debido a lo cual respiramos plomo y arsénico en cantidades muy superiores a las autorizadas en otros países… y es legal.

Un elemento determinante, del cual muchas veces no se es consciente, es la discriminación. Muchos médicos y enfermeras tratan con visible desdén a los campesinos y no les interesa que comprendan sus indicaciones. En general, un entorno social de rechazo promueve las conductas autodestructivas, especialmente en los jóvenes.

No es necesario ir muy lejos para imaginar algo diferente. Los wampís que cruzan la frontera encuentran, en plena selva amazónica ecuatoriana, todo tipo de médicos especialistas y una infraestructura adecuada. Podría cruzarse cualquier frontera: el Perú es el país latinoamericano que invierte menos en salud, incluyendo los salarios de los médicos.

Si no se enfrentan los determinantes sociales, la mayoría de peruanos seguirá teniendo los problemas de salud propios de los lugares más pobres del mundo.

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