martes, noviembre 13, 2007

Reflexiones Peruanas Nº 172: Un desborde de Abelardo Sánchez León

En medio de los aplausos, los danzantes de tijeras se retiran del escenario, mientras continúa la venta de tradicionales wawas, los panes en forma de bebé provenientes de Ayacucho, Pasco, Cusco y otros lugares. Un grupo de bailarines de huaylas sube al estrado y, entretanto, yo no puedo evitar pensar que hace algunas décadas esta celebración hubiera sido impensable en una plaza limeña, con mayor razón en la Plaza de Armas de Surco.

Ese mismo Día de Todos los Santos, el escritor Abelardo Sánchez León vivía una experiencia distinta que lo motivó a escribir “Los hijos del desborde popular”, un artículo impregnado de discutibles apreciaciones desde las primeras líneas, cuando Sánchez califica a sus contrincantes como “infiltrados”. Al parecer, para acudir a determinados establecimientos no es importante sólo la capacidad económica, sino la pertenencia a una clase social tradicional.

Quizás, efectivamente, el autor fue insultado, pero he conocido varios conflictos donde una de las partes se siente agredida por la sola presencia de personas diferentes a él en un lugar (restaurante, supermercado, café, playa o iglesia) que consideraba “exclusivo”. En ese contexto, un empujón involuntario, una sonrisa o una mirada se convierten en una falta de respeto inaceptable frente a la que se reacciona con altivez. El supuesto agresor siente que no cabe disculparse con un individuo arrogancia. Ambas partes se sienten afrentadas y en ambas afloran concepciones de orgullo, honor y dignidad herida. Se pasa a las palabras hirientes, a los insultos racistas (cholos y pitucos) y a veces a la violencia física.

Lo sorprendente es que Sánchez parta de su penosa experiencia para generalizar una descalificación respecto a un amplio sector de la sociedad, que parece constituir una amenaza para el Perú. Inclusive la palabra desborde aludiría a alguien que no está en su lugar, como si tuviera nostalgia de la sociedad estamental de hace unas décadas.

No es la primera persona que critica la “conducta envalentonada” de algunos peruanos cuyos padres quizás no molestaban mucho porque eran sumisos y conocían su lugar. Sin embargo, la peor carácterística que describe es la “ira que todo miembro del desborde lleva dentro”, llevándoles, inclusive, a convertirse en sicarios. Me recuerda al propietario de un local racista, que justificaba su conducta diciendo: “Yo simplemente no los dejo entrar, pero si voy a una discoteca del Cono Norte seguro me matan a mí y violan a mi enamorada”. La semana pasada, un abogado me comentó en clase, con absoluta convicción: “En los conos se flagela y entierra vivos a los delincuentes”. Cuando escucho estas frases, recuerdo los cierrapuertas de Huaraz, que según mi abuelita, se producían cada vez que existía el rumor que los indios se habían sublevado.

Resulta extraño que Sánchez considere que los “nuevos dueños del Perú” son los explotados choferes de combi y los vendedores de Gamarra, que concluyen cada noche una jornada laboral de 14 o 16 horas. Más extraño aún es considerar que la migración al exterior no se debe a la pobreza, el neoliberalismo o la falta de oportunidades, sino a una necesidad de violar leyes a costa de los demás.

Lejos de condenar la xenofobia, se describe a los migrantes peruanos como “los más odiosos del continente” y se justifica que “la cara peruana” (sic) sea detestada. Un documental muy criticado en el mismo Chile sirve de fundamento para aseverar que los chilenos no tienen por qué soportar gente que “no soportamos acá”, a quienes llama “chauchilla”.

El uso frecuente de la primera persona plural no es tan desconcertante, porque otras personas comparten su percepción fatalista ante el quiebre de las barreras estamentales. Por eso han surgido “refugios étnicos” como las playas de Asia, donde se puede pretender que el resto del país no existe. Una amiga mía me confesó que su hijo le había pedido que lo retirara de la Universidad Católica... porque “había mucha gente de los conos”.

El artículo de Sánchez parece coincidir también con el que publicó Alan García hace algunas semanas, responsabilizando del atraso del Perú al egoísmo de campesinos y nativos calificados de “perros del hortelano”. Habría que pensar mas bien en las consecuencias de los niveles de viveza, abuso, improvisación y egoísmo en las élites y su incapacidad para promover el desarrollo de la sociedad.

Curiosamente, yo cada vez percibo que, a pesar de las diferencias raciales o del lugar de origen, cada vez los limeños nos parecemos más entre nosotros, en lo bueno y en lo malo, desde lo que comemos hasta donde compramos. En todos los sectores sociales se emplean expresiones como “tía” o “viejo”, que desencadenó el altercado en el restaurante, aunque eso sí, “señorón”, creo que nadie lo dice.

Quizás sería aconsejable que el próximo del Día de Todos los Santos, Abelardo Sánchez León se dé una vuelta por la fiesta del T’ant’a Wawa en la plaza de Surco. Acaso, en lugar de frustración, pueda sentir esperanza... y aunque en la fiesta también se vende bastante vino, no tendrá que armarse de una silla para defenderse.


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LOS HIJOS DEL DESBORDE POPULAR

Abelardo Sánchez León

El Día de Todos los Santos fuimos a almorzar a un restaurante miraflorino. Ese día se había infiltrado el desborde popular, sin Matos Mar, por cierto, que bebía desde hacía rato en una mesa céntrica. Ignoro las razones que explican la ‘cabeza de pollo’ del desborde popular. Se emborrachan con simples chelas. Ya me quisiera imaginar cómo se comportarían con trago corto. Pero las chelas les saca a flote una bronca impresionante, una ira que todo miembro del desborde lleva dentro. Las versiones del desborde son el achorado, el informal de Gamarra, el comerciante de Mesa Redonda, el chofer de combi, el hincha de las tribunas populares. También puede ser el sicario de los narcoterroristas. Incluso, desde una perspectiva más generosa, podemos considerar a los ‘otorongos’ del 30%.

Son los nuevos dueños del Perú –qué diría Carlos Malpica- y todo aquel que se les acerque al frente será tildado de “tía”, “señorón” o “viejo”, como me llamaron a mí. No entraré en detalles de la bronca en el restaurante (pura lisura, por cierto, pero acabé, para que se hagan una idea, defendiéndome con una silla al más puro estilo del Lejano Oeste (sic).

El desborde popular se ha convertido en mancha que va a todos lados; incluso, se ha trasladado a Chile y Argentina. En un reciente documental chileno, podemos constatar que no le tienen mucha simpatía a este tipo de inmigrante que, felizmente, no es el único. La conducta envalentonada, sin reglas mínimas de convivencia, los convierte en los más odiosos del continente. En Chile los detestan. ¿Y aquí? ¿Imagínense si el Perú se gobernara al estlo egoísta de Mesa Redonda donde la vida no vale nada? ¿Si los dueños de los buses-camión fueran los responsables del transporte? Más allá de los nacionalismos, si no los soportamos acá, por qué lo van a hacer en Santiago.

Argentina se ha convertido en el nuevo destino del tráfico de drogas. Es toda una red que propicia una nueva cara peruana en tierra gaucha. Una cara que no es detestada solmente por mear o comer en la calle, por vivir en la bullanga, sino por su vínculo con la delincuencia. Los pabellones de Lurigancho se parecen cada vez más a la Trinchera Norte y al Comando Sur (o viceversa) y estos a los choferes de las combis.

Pero no todo es negro, felizmente, en lo que respecta a los peruanos en el extranjero. Las autoridades francesas han anunciado que buscarán entre los técnicos peruanos al tipo de inmigrante deseado. Les abrirán las puertas a los genios, que los hay, a los esforzados estudiantes, tal como lo hace ya los canadienses y los australianos. Y a nosotros nos dejarán la chauchilla. Y nadie sabrá para quién trabaja.

(El Comercio, 7.11.2007)



Además...

-Kichasunchis Qosqopi, no es una nueva ONG ni un movimiento indianista, sino el aviso de la sucursal de Bembos en el Cusco (“Abrimos en el Cusco”).

-Hablando del Cusco, la Municipalidad viene convirtiendo en peatonales varias calles del Centro Histórico, así como ensanchando veredas para hacer más agradable caminar por la ciudad. A partir del próximo jueves 15, se buscará también convertir en peatonal el centro histórico de Arequipa.

-Hablando de Arequipa, la garita del Ministerio de Transportes en Uchumayo fue incendiada por belicosos transportistas, en protesta contra el operativo Tolerancia Cero.

-Pese al rechazo de la familia, crecen los rumores que atribuyen la muerte del Teniente Héctor Zegarra como un ajuste de cuentas entre narcotraficantes. Al parecer, a eso se habría debido la ausencia del Presidente y el Ministro del Interior en los funerales del oficial (RP 171).

-Persiste el conflicto entre los campesinos de Seclla y la compañía minera Pampamali, generando la muerte del comunero Daniel Bonzano, al parecer debido a los disparos efectuados por personal de la empresa. Los habitantes de Angaraes (HVCA) han expresado su solidaridad con los habitantes de Seclla.

-Edwin Gastelo falleció durante los enfrentamientos ocurridos en Chimbote entre hinchas de Universitario y Alianza Lima. En Italia, hace unos años, un incidente similar generó la suspensión de todos los partidos del campeonato nacional. Acá, ni los clubes ni las autoridades parecen asumir su responsabilidad en prevenir y sancionar estas desgracias.

-Quienes deseen firmar para apoyar la demanda de inconstitucionalidad de los Decretos Legislativos 982, 983, 988 y 989, pueden escribir a raquel@aprodeh.org.pe o a dianarebaza@hotmail.com. También pueden participar en el recojo de firmas.

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