lunes, noviembre 05, 2007

Reflexiones Peruanas Nº 171: Conciencia y Coacción



Un incendio en el jirón Puno destruye dos galerías, tan inseguras y atestadas como aquellas donde en el 2001 quinientos personas perecieron calcinadas. Un yate se hunde durante un paseo nocturno y fallece una joven egresada de la Universidad del Pacífico. Dos escolares cusqueños mueren al desbarrancarse el vehículo en el que realizaban su viaje de promoción a Macchu Picchu.

¿Por qué son tan frecuentes estos trágicos accidentes? ¿Se ensaña el destino contra nuestro país? En realidad, los llamados accidentes no son generados por el azar, sino por una confluencia de factores de responsabilidad humana. Al desproporcionado ánimo de lucro de algunas personas, se suma la falta de conciencia en la población sobre su propia seguridad y la débil coacción por parte del Estado. En esas circunstancias, lo único sorprendente es que estas tragedias no sean más frecuentes.

En las sociedades donde los accidentes son escasos, los ciudadanos asumen que la vida cotidiana implica riesgos y hacen lo posible por minimizarlos. Determinadas conductas, como manejar o ingerir licor, y determinadas circunstancias, como criar hijos pequeños, incrementan los posibles peligros e implican mayores medidas de precaución.

Precisamente el temor a los accidentes los hace improbables: a muy pocas personas se les ocurriría llevar a un niño en el asiento delantero de un vehículo, trabajar en un local sin extinguidor o caminar por la pista. Sólo una minoría díscola no ha internalizado que las normas de seguridad son necesarias y requiere la intervención de la policía o un inspector municipal.

Entre nosotros, en cambio, la conciencia sobre la seguridad en la vida cotidiana es muy incipiente. Todos los días, miles de peruanos se exponen a accidentes mortales abordando Ticos, prohibidos en los demás países. Lugares como Gamarra, Mesa Redonda o el Hueco están atestados de compradores que desafían cualquier medida de prudencia. Empresas como Clear Channel y Punto Visual colocan carteles en las bermas de las avenidas bloqueando la visibilidad a peatones y automovilistas... y a veces muestran publicidad municipal.

Las personas de sectores acomodados también exponen su vida innecesariamente, como prueban los numerosos accidentes que se producen cada verano en la Panamericana Sur. La salida del Cineplanet Alcázar, uno de los más caros de Lima, suele estar obstaculizada por un automóvil exhibido como publicidad. “Le hemos dicho al administrador que es peligroso, pero usted sabe que la plata es más importante”, dice uno de los trabajadores.

Con frecuencia, la imprevisión convierte en trágico un acontecimiento feliz, llámese bautizo, matrimonio o viaje de promoción. Al respecto, en algunos departamentos tantos paseos escolares terminan con botes volcados, niños ahogados y buses destruidos, que en otro país el Ministro de Educación se vería forzado a renunciar. En el Perú, sin embargo, se sigue pensando que se trata de un destino cruel frente al que los seres humanos poco podemos hacer.

Precisamente, a veces se prefiere distorsionar principios religiosos, antes que asumir medidas elementales de precaución. Conocí hace poco un taxista evangélico que se jactaba que no necesitaba cinturón de seguridad, porque Dios lo cuidaba, así como existen propietarios de galerías que prefieren gastar en bandas de música para homenajear al Señor de los Milagros que invertir en extinguidores.

Donde la coacción estatal se muestra más débil, las consecuencias son fatales: este año, las cifras de muertos en el sur del país por accidentes de carretera son más elevadas debido a la resistencia contra el operativo Tolerancia Cero. Inclusive algunos propietarios de buses camión han pretendido atentar contra los inspectores del Ministerio de Transportes.

Lo más común, sin embargo, es que el propio Estado prefiere reducir su rol: la reciente Ley 29090 flexibiliza la construcción de viviendas, prohibiendo los controles que podrían evitar una destrucción como la que originó el último terremoto. La Municipalidad de Lima prefiere gastar 12 millones de dólares en las fuentes del Parque de la Reserva, antes que invertir en adecuar las zonas de la ciudad más vulnerables a sismos o incendios.

La pasividad de las autoridades hace resaltar que algunas empresas privadas se muestran más conscientes de su rol en crear una cultura de prevención, como la actual administración de Backus que busca evitar el consumo excesivo de alcohol. Igualmente, varias empresas mineras transnacionales han reducido los accidentes de trabajo no por intervención del Ministerio de Trabajo u Osinergmin, sino en aplicación de sus propios códigos de conducta internacionales.

En este contexto sería un error percibir el incendio de la semana pasada como una situación particular que ocurrió en el jirón Puno. Se trata de una advertencia para las autoridades y para todos los que vivimos en el Perú. No puedo decir si aquellas lograrán comprender su rol, pero todos los demás sí podemos aprender a protegernos y proteger a las personas que más queremos.


Además...

-Durante varias semanas, el oficial Héctor Zegarra advirtió que la comisaría de Ocobamba en Apurímac corría peligro de ser atacada por narcoterroristas, pero en el Ministerio del Interior y en la Policía Nacional sólo lo tomaron en serio luego que el condenable ataque se produjo y Zegarra murió asesinado. Llamó la atención la ausencia del Presidente y otras autoridades en sus funerales.

-En la primera corrida de toros de la temporada, una manifestación antitaurina pacífica fue brutalmente reprimida por la policía, sin ningún fundamento. Siete manifestantes, entre ellos dos menores de edad, fueron detenidos y sólo fueron liberados al día siguiente debido a un Habeas Corpus. Los gases lacrimógenos arrojados contra los manifestantes afectaron hasta a los concurrentes y los toreros.



Llanto en Acho, pero no por los toros. Fotografía de Agencia Andina

-Siguen los reclamos de los vecinos de Santa Beatriz y Jesús María por la clausura del Parque de la Reserva y los parques vecinos, a los cuales sólo se puede ingresar durante algunas noches a la semana, previo pago.

-Los funcionarios públicos, integrantes de ONGs, activistas de derechos humanos interesados en cómo enfrentar la discriminación desde el Estado, pueden participar en el Seminario Políticas Públicas y Racismo, que se llevará a cabo los días 29 y 30 de noviembre en el Hotel Maury. El costo es gratuito y las vacantes son limitadas. Para inscripciones pueden escribir a María del Mar Pérez (marperez@dhperu.org).

-Pese al grave daño que genera la paralización de la administración de justicia, las universidades y colegios nacionales y los hospitales públicos durante los feriados que dispone este gobierno, la Ministra de Comercio Exterior y Turismo ha anunciado que también serán obligatorios para el sector privado. Probablemente ignora que la mayoría de peruanos carece de dinero para hacer turismo.

-Comienza mañana la huelga de los trabajadores de varias importantes empresas mineras y el jueves 8 hay un paro nacional convocado por la CGTP. Quienes deben viajar por el Perú tomen sus precauciones.

-Lamentamos la convocatoria de empleo de la empresa Topytop, que vulnera abiertamente las normas contra la discriminación al solicitar “excelente presencia” y “fotografía reciente” para sus vendedores. Se expone a severas sanciones.

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