lunes, setiembre 03, 2007

Reflexiones Peruanas Nº 162: ¿Está en buenas manos la reconstrucción?


Hace dos años, en Nueva Orleans, varias gasolineras fueron severamente multadas por haber elevado el precio del combustible ante la llegada del huracán Katrina. En el Perú, a las pocas horas de producido el terremoto, algunas empresas de transporte y las agencias funerarias, cuadruplicaron el precio de sus servicios, pero ninguna instancia estatal estaba facultada para intervenir en beneficio de la población afectada.

A nuestro entender, las empresas privadas son eficientes motores para el desarrollo de la sociedad, cuando se cumplen condiciones mínimas como la libre competencia, la información adecuada a los clientes, la existencia de canales para reclamar por un mal servicio y la regulación estatal que evite posibles excesos.

Entre nosotros, en cambio, la regulación sobre las actividades económicas es muy débil y en algunos lugares del Perú, simplemente no existe. A pesar de ello, en los últimos años se han privatizado actividades que aún en los países más capitalistas son ejercidas por el Estado. Un ejemplo fue la disolución de ENATRU-PERÚ (la empresa de transporte público) y el reemplazo de los ómnibus que circulaban por Trujillo, Arequipa o Lima por las ingobernables combis, cuyos choferes compiten desesperados por cada pasajero. Coincidentemente, las autoridades dejaron de practicar las revisiones técnicas del parque automotor, con los resultados de accidentes, contaminación y caos vehicular que vivimos día a día.

El reciente nombramiento de un grupo de empresarios para dirigir las labores de reconstrucción a través del llamado FORSUR, ha sido aplaudido por quienes profesan el dogma de la eficiencia irrestricta del sector privado. Para ellos, claro, es una herejía recordar que el servicio de la empresa telefónica estatal no se interrumpió en Lima, después del terremoto de 1974, a diferencia de lo ocurrido el pasado 15 de agosto. También es una herejía señalar que la zona más deteriorada de la carretera a Ica ha sido la que fue concesionada a la empresa Covial.

La conducción empresarial de FORSUR hace recurrente el control de crecientes porciones del territorio nacional por grupos económicos privados (con sus propios intereses), dejando un rol decorativo a las autoridades democráticamente elegidas por la población.

Un ejemplo cercano a los limeños (y a las víctimas del terremoto) es APRILS, la Asociación de Propietarios de Asia, que ha llegado a apropiarse del agua que serviría a los poblados y agricultores pobres para venderla a quienes veranean en los balnearios. APRILS vulnera también toda la legislación relativa al uso de las playas sin que ningún fiscal o alcalde pueda hacerles frente.

El manejo de asuntos sociales, diferencias culturales o problemas de exclusión no aparece en los manuales empresariales. Por eso, a pesar de los millones de dólares que Yanacocha ha entregado para restaurar iglesias o auspiciar conciertos de rock en Cajamarca, su relación con la población sigue siendo muy tensa. Similar es la situación de Pro-Inversión (que no es una empresa privada, pero que suele olvidarlo) frente a las 49 comunidades de Apurímac cuyos recursos administra sin su consentimiento. Los campesinos cocaleros del Huallaga han denunciado muchas veces la improvisación y los incumplimientos de las empresas contratadas para proponer cultivos alternativos.

En todos estos casos, a la inexperiencia de las empresas involucradas se suma que no sienten la exigencia de los clientes, porque los habitantes de las zonas donde operan sus “programas sociales” no son vistos como tales. La tentación de obtener ganancias aparece inclusive en empresas que se pretenden mostrar desinteresadas: el costo de los avisos de Telefónica, Saga Falabella, Scotiabank, Wong, Doe Run, Ripley y otras empresas más publicitando sus acciones de solidaridad con las víctimas del sismo está en camino a alcanzar el millón de dólares. ¿Es preocupación social o inversión para lograr una buena imagen empresarial?

El caso de FORSUR es especialmente grave, porque se ha otorgado la presidencia a Julio Favre, sin ninguna experiencia en temas sociales, urbanismo o establecer consensos, además de haber defendido violaciones masivas de derechos humanos y a empresas corruptas como Lucchetti.

Resulta curiosa además, la inclusión de José Chlimper, de conocidos intereses económicos en la zona. Hace unos años, siendo Ministro de Agricultura del último gabinete de Fujimori, Chlimper logró que éste, días antes de huir del país, suscribiera una ley para que no se reconociera a los trabajadores agrícolas gratificación, CTS o vacaciones, lo cual beneficiaba directamente sus actividades agroexportadoras.

Con estos antecedentes, parece lógico que los empresarios de FORSUR estén hablando más de potenciar las exportaciones, que de reconstruir viviendas u hospitales. Buscar la constructora para una gran autopista es prioritario frente a la desnutrición o el incumplimiento de los derechos laborales. Garantizar las inversiones hoteleras en Paracas parece más importante que el tratamiento psicológico de las víctimas.

Hace algunos días, como la mayoría de peruanos, me sentí indignado cuando supe que Rafael Rey estaba promoviendo el lanzamiento de una botella de pisco denominado 7.9.
Lamentablemente, ahora comprendo que para algunos el terremoto es una buena ocasión para brindar.


Además...

- Miles de ciudadanos continúen haciendo generosas donaciones, hacia los damnificados del terremoto, quienes se preguntan dónde queda toda la ayuda. Antonio Peña y sus vecinos en Pisco tuvieron que bregar durante una semana para obtener las carpas que se encontraban en la Base Militar de San Andrés (puedo enviar el relato de su enfrentamiento con la burocracia a quienes no lo hayan recibido).

-En una sobria ceremonia, donde fueron recordadas las víctimas de la violencia política, la Defensora del Pueblo lamentó los avances en la sanción de quienes desde el Estado cometieron masacres, desapariciones, asesinatos selectivos y otros crímenes.

-Miles de campesinos piuranos enfrentan seria incertidumbre, porque a las empresas del grupo Romero, empeñadas en sembrar caña de azúcar para producir etanol, se les ha asignado el agua que les correspondía del reservorio de Poechos.

-La empresa Doe Run fue multada por Osinergmin con 724,500 soles debido a sus prácticas contaminantes. A la fecha, el Ministerio de Salud no cumple con su obligación de atender la salud de los niños de La Oroya, según el mandato del Tribunal Constitucional.

-Hablando del Tribunal Constitucional, en un evidente intento de presionar a sus magistrados, el embajador Antero Flores Araoz viene defendiendo con vehemencia la ley que interviene en las actividades de las ONG, sobre la cual se debería resolver pronto la acción de inconstitucionalidad.



DOS TESTIMONIOS DE AYUDA Y SOLIDARIDAD

PISCO: AL DÍA SIGUIENTE

Me encontraba haciendo guardia en el hospital el miércoles por la noche, cuando me avisaron que tenía que trasladarme con otros médicos, brigadistas y socorristas hasta Pisco.

Llegamos a las cinco de la mañana del jueves al hospital destruido. Sólo quedaba en una sala de una construcción nueva, donde estaban mezclados los heridos con las personas fallecidas. Lo primero que tuvimos que hacer fue comenzar a separarlos: colocábamos en el patio a los muertos, mientras a los heridos graves, los estabilizabamos con yeso y los llevábamos a las ambulancias con rumbo al aeropuerto.

Durante ese día, la precariedad en Pisco era total. No había nada para tomar, nada que comer. No había agua y teníamos que mojar el yeso en dextrosa, porque era todo lo que había. Las personas hacían sus necesidades donde podían, porque todos los baños estaban destrozados.
Me agarraba el corazón ver a las personas llorando y rezando al costado de sus familiares fallecidos, envueltos en frazadas. En verdad te afecta ver tanta desgracia junta: la gente cargando ataúdes y colocando en ellos a los fallecidos como sea, mientras había quienes entregaban los certificados de defunción.
Cuando creí que la situación estaba controlada, a las doce del día, llegaron más heridos, que iban rescatando de la iglesia destruida. Algunos estaban casi muertos. Empezaba nuevamente el trajín de colocarles sueros, estabilizarlos con yesos y subir a las ambulancias.

Toda la gente te suplicaba para embarcar a sus familiares heridos y las ambulancias sólo los podían llevar de dos en dos. Cada persona te exigía que te ocuparas de sus parientes, pero teníamos que priorizar: los más graves y los niños en primer lugar. Entonces algunos te mentaban la madre por no escoger a su familiar para subirlo a la ambulancia. Entretanto seguían llegando los heridos y tenía a la vez que cargar a los muertos para colocarlos en el patio. Dentro de todas las experiencias duras que me han tocado vivir en mi profesión, es lo más parecido al infierno.

Algo más tarde, cuando nuevamente creíamos tener la situación parcialmente bajo control, escuchamos gritos y bulla. Salí a la calle y vi a la gente correr con mantas, colchones y frazadas, gritando:

-¡SE SALE EL MAR!

En el mismo hospital, la gente salió corriendo y dejaban a los heridos tirados. ¿Ustedes creen que no quería yo escapar también? Recé, le pedí a Dios y a la Virgen por mí y mi familia, mientras intentaba calmar en algo a la población que seguía corriendo. Pensé que si se salía el mar, al menos podíamos subir con los heridos al segundo piso del hospital. En ese momento, encontré a un bombero que me dijo que era cierto que el mar estaba muy movido, pero que al parecer no habría ningún tsunami. Entonces calmé a la gente y volví al hospital a tranquilizar al personal y a quienes se habían quedado. Felizmente el mar solo se salió un poco y no llegó hasta donde estábamos nosotros, a dos kilómetros de la playa.

Seguí dándole sin descansar ni un minuto hasta las 4 de la tarde en que subí a una ambulancia con cuatro heridos en dirección al aeropuerto y de allí a un avión, para viajar a Lima con 23 heridos y sus respectivos familiares. Felizmente ninguno de ellos falleció en el viaje.

Llegando a Lima tenía que distribuir a los heridos en ambulancias, para que los llevaran a diferentes hospitales, pero no se había previsto suficientes ambulancias y llegaban de una en una. Se produjo entonces otra guerra con los familiares, porque todos exigían que sus heridos fueran trasladados primero. Entretanto, entró a mi celular una llamada de mi mujer. Mis hijitos estaban llorando, porque todo ese día no había entrado la llamada a Pisco.

Hay que vivirlo para saber como ha sido. En verdad doy gracias a Dios que en el terremoto no nos pasó nada a mí ni a mi familia, pero es sobrecogedor estar ante tanto sufrimiento junto. Algún día esto pasará y veré a mis hijos crecer grandes y sanos, pero nunca dejaré de agradecer al Altísimo, porque no fui uno de tantos desdichados.


TUPE: DOS SEMANAS DESPUÉS

Cuando en alguna clase le pregunto a los alumnos dónde se habla el idioma jaqaru, ellos normalmente creen que en algún lugar remoto de la selva amazónica. No saben que es un idioma que se habla en el departamento de Yauyos, en el distrito de Tupe. Se trata de un pueblo que quedó aislado con el paso del tiempo, conserva su antigua vestimenta y hasta hace poco era muy visitado por lingüistas y antropólogos. Sin embargo, el aislamiento no lo protegió del terremoto. Diez días después de la tragedia, un grupo de amigos logró llegar hasta allá. Acá su testimonio:

El viaje fue bastante agotador: tuvimos que dirigirnos por la carretera que está asfaltada hasta Lunahuaná y luego continúa en pésimas condiciones. De un punto en la carretera hay que caminar aproximadamente tres horas. Encontramos en Tupe una situación muy triste. El pueblo está prácticamente destruido. Las casas eran de piedra y todas se encuentran afectadas. Los setecientos habitantes estan durmiendo en algunas carpas o a la intemperie, cubiertos por frazadas. La ayuda que llevamos en alimentos, colchones y prendas de abrigo, aunque era importante, pero resultó insuficiente frente a tanta necesidad. El colegio está totalmente en ruinas. Los niños no reciben clases desde el dia del terremoto. Encontramos que un importante número de ellos tienen problemas respiratorios por el frío. En medio de este panorama de abandono, la ausencia del Estado es lamentable y era indignante la indolencia de muchos funcionarios del Estado (educacion y salud), con los que hemos intentado comunicarnos sobre esta situación.

En Tupe no saben que existe Rafael Rey o Julio Favre, ni conocen el pisco. ¿Habrá alguien en el FORSUR que se acuerde de ellos?

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