lunes, mayo 04, 2009

Reflexiones Peruanas Nº 250: "El Año de la Peste"

“El Año de la Peste se llamaba una película mexicana que vi hace unos años, en la desaparecida Filmoteca del Museo de Arte de Lima. Aunque había sido filmada en 1978, la primera escena de la película todavía ahora parecería futurista para cualquier limeño: en un vagón amplio y bien iluminado del metro que opera bajo la Ciudad de México caía inconsciente la primera víctima de una epidemia mortal.


El guión había sido escrito por Gabriel García Márquez y era una crítica al régimen del PRI, cuyo control absoluto de los medios de comunicación bloqueaba toda información sobre la magnitud de la epidemia. Treinta años después, cuando una epidemia real se produce en México, mas bien lo que más abunda es la información sobre lo que ocurre, lo que puede ocurrir y lo que no ha ocurrido.


Al respecto, en el Perú y otros países han jugado un penoso papel la mayoría de medios de comunicación, que parecían tan ansiosos de que la epidemia se expandiera, que podría pensarse deseaban incrementar las ventas de mascarillas o medicinas. La verdad es que buscaban, mas bien, elevar sus propias ventas.


A este paso, cada vez se hace más débil la diferencia entre “medios serios” y medios sensacionalistas. Unos y otros presentan la desaparición de una niña en Portugal o la violación de una joven austriaca por su padre como problemas de trascendencia mundial. En el caso de la reciente epidemia, periódicos y noticieros escogieron siempre las cifras más escandalosas y ahora se sabe que la epidemia nunca estuvo tan extendida ni era tan letal como se pretendía.


Tamaña cobertura mediática también tiene funciones políticas: en México se presta menos atención a los crímenes del narcotráfico, en Estados Unidos pasa a segundo plano la discusión sobre si se juzgarán o no las torturas bajo el régimen de Bush. En el Perú, se ocultan las masivas protestas de los indígenas amazónicos. Los medios peruanos han aprendido la lección: en agosto pasado, la difusión que brindaron a protestas similares sirvió para que el gobierno diera marcha atrás en los decretos que afectaban a los nativos.


Muchos países han suspendido los vuelos a México, se postergan partidos de fútbol con equipos mexicanos y turistas y empresarios de este país son retenidos en China. Las autoridades mexicanas protestan contra estas medidas, pero tienen mucha responsabilidad en la paranoia global: resulta lógico protegerse de un país que ha cerrado escuelas, estadios, cines y restaurantes. Se prohibe también ingresar a lugares arqueológicos como si los virus prefirieran acechar a sus víctimas desde las pirámides aztecas. Probablemente, por encontrarse cerca de otras pirámides, en el lejano Egipto se ha dispuesto exterminar a más de 50,000 cerdos que nada tenían que ver con los mexicanos enfermos.


En el aeropuerto Jorge Chávez, tantas personas llevan mascarillas que sería comprensible que cualquier turista se regrese espantado a su país. Tanta paranoia me recuerda cuando, hace algunos años, el temor al terrorismo justificaba medidas de seguridad desproporcionadas e irracionales: hasta ahora en los aviones a Estados Unidos se impide llevar agua y pasta de dientes. En Lima, algunas embajadas tienen la mala costumbre de quitar el celular a sus invitados peruanos.


En medio de la paranoia porcina, resulta indignante el debate entre las autoridades y los medios de comunicación sobre cuán preparados estamos ante la nueva crisis, mientras ni a las autoridades ni a los medios parece importarles que los campesinos mueran por una apendicitis o sarampión o que numerosos médicos y enfermeras contraigan tuberculosis en los hospitales estatales. Millones de peruanos carecen de ningún tipo de atención médica, pero esto “no es una crisis” y no interesa que las autoridades no estén preparadas para atenderles.


Una discusión seria sobre la nueva epidemia debería hacer hincapié en los determinantes sociales, es decir, los factores que hacen más probable que algunas personas sufran problemas de salud y éstos sean más graves o mortales. Determinantes sociales son la pobreza, la ubicación geográfica, no hablar castellano, tener hijos a una edad muy temprana o carecer de agua potable, todo lo cual hace que determinados sectores sean más vulnerables. Recordemos la última pandemia que llegó al Perú, el cólera en 1991. En esa oportunidad, los casos se concentraron en los sectores más pobres de la población… y lo mismo sucedería si llegara la nueva gripe.


En la película “El Año de la Peste”, donde Daniela Romo actuaba como la amante del Ministro de Salud, buscaba denunciarse también que la propia sociedad era cómplice del gobierno (de hecho, esta complicidad permitió al PRI gobernar 80 años) y fingía ignorar la muerte de millares de personas. En el Perú, esto viene sucediendo todo el tiempo y la pretenciosa cobertura mediática sobre la gripe porcina hace más visible la indiferencia frente a las otras muertes. La muerte de quienes están predestinados a morir no genera grandes titulares.

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3 Comments:

At 4:44 p. m., Anonymous Anónimo said...

Buen análisis. La pandemia de fiebre porcina se reveló como otro caso más de propaganda para manipular muchedumbres y crear miedo. Y para ocultar la masiva marcha del Primero de Mayo y las leyes que extienden el rango de acción de las Fuerzas del Orden, en México; y para distraer -como bien dices- de las torturas impunes en Estados Unidos (el debate al respecto es sólo un gesto mediático) - y de los bombardeos que Obama está realizando en Pakistán, con alto porcentaje de víctimas civiles.
Así como es delito provocar "pánico financiero", ¿por qué la sociedad no criminaliza el "pánico social", que casi siempre es provocado con objetivos políticos? ¡Ah! Las leyes las dicta el Estado, y la sociedad las tiene que soportar.
Finalmente, debo decir que es muy bueno saber que alguien se indigna por la catástrofe cotidiana representada por las decenas de miles de personas (la mayoría niños)que mueren por enfermedades curables (o smplemente por falta de alimentación adecuada) en Perú y toda América Latina, cual fruto perverso del "estado de las cosas" que muchos aman.

 
At 7:17 a. m., Blogger Roberto Bárcena said...

Saludos Wilfredo:

Me parece oportuno citar a Eduardo Galeano quien, como tú, nos hace ver nuestras contradicciones:

...
"Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina."
...

 
At 11:45 p. m., Blogger Metztli said...

Recien toy terminando de ver la película, la cual me parecio excelente, ya que es increíble como la ficción mexicana de finales de los 70s o principios de los 80s como quieran verlo (fue filmada en 1978) tuviera tan buen acierto con la situación que esta viviendo México con respecto a la influenza. En este contexto la pelicula parece ser una parodia, una satira, una burla!!! (muy atinada)

Muy Recomendable!

Como dicen los que no saben y los que dicen saber "La Realidad supera la Ficción" sólo a veces....

Un Saludo Fraternal

 

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