lunes, enero 05, 2009

Reflexiones Peruanas Nº 233: Y tú, ¿qué tipo de familia tienes?

Hace muchos años, durante la Reforma Educativa, hojeaba los textos escolares de mis hermanos, y encontré una ilustración con cuatro niños que decían:


-Yo vivo con mi abuelita.


-Yo con mis hermanos mayores.


-Yo vivo con mis padres y mis hermanos.


-Yo vivo con otras personas.


La leyenda final señalaba: ¿Y tú, con quién vives? Habla con tus compañeros sobre cómo es tu familia.


A los nueve años, quedé sorprendido, porque pensaba que vivir con papá y mamá, como era mi caso, era la única familia “normal”. Muchos años después, he abierto mis horizontes, pero me parece que los medios de comunicación y las leyes continúan actuando como pensaba yo, sin admitir que existen otras formas de familia ampliamente extendidas.


En primer lugar, son numerosas las familias intergeneracionales, donde en un mismo hogar existen adultos viviendo con sus padres o inclusive con sus abuelos. Las razones son muy diversas, desde la necesidad de acoger a los padres ancianos, hasta el regreso de los hijos separados a la casa paterna. Una familia tradicional se puede convertir en intergeneracional, cuando los hijos se hacen adultos, pero no tienen mayor interés por independizarse o si los abuelos aceptan criar a los hijos de sus hijas no casadas. Las familias intergeneracionales pueden ser escenarios de conflictos de autoridad o también de un paulatino traslado de responsabilidades a las generaciones más jóvenes.


Una segunda forma muy frecuente es la familia femenina, normalmente dirigida por una señora que puede haber enviudado, estar divorciada o haber sido abandonada. Con ella viven sus hijas, quienes, por diversas razones, cuando tienen hijos deciden criarlos en la casa materna y el padre desaparece, formándose fuertes entre todas las mujeres vínculos de apoyo mutuo. En ocasiones, si existe un hijo varón resulta bastante engreído. Con frecuencia, hermanas o sobrinas solteras pasan a vivir a esa casa. Las decisiones suelen tomarse colectivamente.


Una tercera forma es la familia derivada de relaciones paralelas, como el abogado de Monterrico que tiene una segunda familia en Breña o en Chimbote. Su esposa sabe que existe la otra mujer, pero prefiere la seguridad a la incertidumbre del divorcio. La segunda mujer muchas veces busca afianzar su posición teniendo uno o varios hijos. Para los hijos de ambas, enterarse que tienen otros hermanos es una situación traumática, pero he conocido varios casos donde se ha desarrollado mucho afecto y, si el padre ha fallecido, también la solidaridad.


Una cuarta modalidad es la familia mediatizada, donde los padres pagan a otras personas para que los reemplacen en sus relaciones con sus hijos. En muchos hogares de clase alta, las trabajadoras del hogar alimentan a los niños, los atienden durante sus enfermedades, los llevan a la clase de natación o a las fiestas infantiles. Sin embargo, no pueden establecer disciplina o enfrentar problemas de comportamiento. Además, pese a los lazos de afecto que pueden desarrollar, son percibidas como inferiores y prescindibles.


Finalmente, para la mayoría de peruanos existe siempre como referencia la familia extensa, con su conglomerado de tíos, abuelos, primos, cuñados, sobrinos o inclusive personas sin vínculo sanguíneo, pero que pueden desarrollar relaciones afectivas muy fuertes, como sucede a veces entre padrinos y ahijados.


Naturalmente, existen hogares donde todo esto se suma: familias extensas intergeneracionales, dirigidas por mujeres, producto de una relación paralela, donde la crianza de los niños está a cargo de las empleadas.


Sin embargo, sigue planteándose un único modelo, como imagen de felicidad, al punto que los últimos Presidentes peruanos han buscado mostrar que corresponden a esa imagen. Los medios de comunicación inclusive imponen celebraciones oficiales por razones comerciales, que pueden tener un impacto muy negativo en las otras familias. ¿Cómo celebrar el Día del Padre en un colegio donde la mitad de los niños no vive con el suyo? Para algunos niños, el Día de la Madre es una celebración extraña, porque quien está realmente pendiente de ellos es la empleada doméstica (su día es el 30 de marzo, por si acaso). Estas contradicciones llevan a que a veces se tomen decisiones drásticas: “En nuestro colegio no celebramos ni el Día de la Madre ni el Día del Padre, porque sólo generamos más sufrimiento a los niños”, me dice una monja de Cajamarca.


Reconocer los diversos tipos de familia predominantes podría permitir políticas públicas más cercanas a la realidad, orientando a muchos adultos para atender las necesidades de sus padres o abuelos. En los casos en que existe una familia paralela, es importante saber cómo preparar a los hijos y cuáles son los derechos que les corresponden.


Cualquier domingo en restaurantes, iglesias, playas, parques o centros comerciales vemos familias muy diversas. Lo más importante no es preocuparse por no seguir un modelo único, sino que exista un entorno de afecto y responsabilidad y éste puede estar presente en hogares muy diferentes.

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