martes, noviembre 27, 2007

Reflexiones Peruanas Nº 174: Identidad, Regionalismo e Intolerancia

Hace algunos años, el Ministerio de Educación convocó a un concurso a nivel nacional para nombrar a maestros para muchas apartadas localidades amazónicas. Sin embargo, cuando los profesores ganadores llegaron a Iquitos y Pucallpa para embarcarse hacia las escuelas asignadas, enfrentaron las protestas de quienes habían perdido en el concurso, que les acusaban de “foráneos”.

Lo sorprendente fue que los manifestantes obtuvieron el apoyo de los gobiernos regionales, emisoras radiales y amplios sectores de la opinión pública. No se trataba, debe precisarse, de asegurar el derecho de las comunidades nativas a recibir educación en su idioma, porque las plazas se habían abierto en poblados mestizos. El argumento era que los puestos de trabajo debían ser sólo para los profesores del lugar. El bienestar de los niños o la capacidad de los docentes parecían totalmente irrelevantes.

Aunque en casi todas las ciudades peruanas, la mayoría de los habitantes son migrantes o hijos de éstos, con mucha frecuencia se aprecian similares manifestaciones de intolerancia. En los años cincuenta, en Lima se hablaba de colocar peajes o muros para detener la masiva migración andina. Aún ahora, algunos limeños de ascendencia europea no aceptan la convivencia con sus compatriotas y prefieren construir ghettos voluntarios en las playas del sur.

Los sentimientos intolerantes se manifiestan inclusive dentro de la misma ciudad, como cuando se colocó una valla para impedir que los habitantes de Ate ingresaran a algunas zonas de La Molina. Igualmente, algunos vecinos han querido impedir que se instalen juegos infantiles en los parques de San Borja, para evitar que vengan “niños de fuera” (es decir de San Luis, el distrito colindante). Hace unos años, una amable familia de Surco me decía que esperaba que el Parque de la Amistad no se abriera nunca al público, para que no llegara “gente de otros distritos”.

La situación se hace más complicada, cuando están en juego recursos naturales, como sucede entre diversas regiones limítrofes en el Perú. En los últimos días, por ejemplo, se ha manifestado un desacuerdo entre los gobiernos regionales de Piura y Lambayeque sobre los proyectos de irrigación para los cuales se deben usar las aguas del río Huancabamba. Hace unos años, ya los mismos Presidentes Regionales Trelles y Simon sostuvieron un conflicto en torno a la propiedad de unas islas guaneras, como también porque ambas regiones sostenían que la algarrobina era su trago oficial para las ceremonias públicas.

De hecho, los elementos simbólicos o culturales también pueden generar rivalidades y conflictos. Por ejemplo, en el Perú todavía ni siquiera es posible sugerir un quechua estandarizado, en buena medida porque en diversas regiones se sostiene que allí se habla el verdadero quechua y en el resto de lugares “se habla mal”. Estas tensiones sólo terminan perjudicando a los propios quechuahablantes.

Sin embargo, donde de manera recurrente los conflictos interregionales se manifiestan con mayor gravedad en el sur del país. Allí, además, involucran a muchos habitantes, como se aprecia por los problemas existentes entre Moquegua y sus vecinos, Arequipa, Tacna y Puno. Expresiones como bloqueos de carreteras, ataques violentos y denuncias judiciales por usurpación muestran como la escalada del conflicto termina cegando a los implicados.

En otros casos tenemos conflictos intraregionales no menos desgastantes, como el existente entre huaracinos y chimbotanos. La rivalidad entre Abancay y Andahuaylas generó en diciembre pasado la muerte del taxista Cirilo Tuero, mientras que en años anteriores se produjeron violentos incidentes en Moyobamba, en medio de la pugna que sostiene con Tarapoto.

En el ámbito laboral, la exigencia de contratar a una persona del lugar sólo podría aceptarse si existe justificación objetiva o razonable, como por ejemplo, que sea necesario manejar el idioma local o estar familiarizado con la cultura o la geografía. Lamentablemente, es frecuente que estos elementos no sean tomados en cuenta y simplemente el lugar de origen valga más que la capacidad. Las consecuencias perjudican a la misma institución pública que prefiere lugareños mediocres a foráneos capaces.

Resulta chocante cómo estas percepciones discriminatorias pueden ser manipuladas: al alcalde de Ilave, Fernando Robles, sus adversarios le acusaban de haber contratado “personal de fuera” para la Municipalidad, dejando sin trabajo a los profesionales ilaveños. Algunos de los empleados cuestionados provenían de Juliaca o Puno, pero eran igualmente rechazados.

En un país tan fragmentado como el Perú, las identidades locales o regionales no deberían ser negativas. De hecho, sólo lo son cuando se expresan como rechazo a otros ciudadanos en una especie de “xenofobia interna”. Estas manifestaciones nos muestran la necesidad de construir una identidad como país. A las autoridades y dirigentes políticos les correspondería actuar con madurez a este respecto, pero algunos parecen encontrar más fácil atizar prejuicios y rivalidades.



Además...

-Indecopi ha sancionado a catorce motonaves en Iquitos, donde son constantes los abusos hacia los pasajeros en el transporte fluvial. Ninguna de las embarcaciones estaba asegurada o contaba con salvavidas. La misma peligrosa informalidad se produce en Pucallpa y en el lago Titicaca.

-El Presidente García ha planteado difundir los nombres de 1,800 personas fueron procesadas por terrorismo entre absueltos, indultados y quienes efectivamente cumplieron su sentencia. Además de ser una propuesta ilegal, parece ser una cortina de humo para que la población olvide los problemas de gobernabilidad existentes.

-Hablando de acusaciones irresponsables, hacemos llegar nuestra solidaridad a la ingeniera María Elena Foronda, directora del Instituto Natura de Chimbote, a quien Ernesto Bustamante, Decano Nacional del Colegio de Biólogos calificó de terrorista en un reciente artículo periodístico. Al parecer, el trasfondo de estas acusaciones es el respaldo de Bustamante a los cultivos transgénicos.

-Hablando de medio ambiente, este jueves habrá en Tarapoto un paro provincial contra la explotación petrolera en el cerro La Escalera.

-En un nuevo linchamiento en Yanacancha (Junín), murieron tres delincuentes, quienes al parecer habían matado a un vigilante.

-Hablando de Junín, felicitamos al Gobierno Regional y a las principales autoridades de esta región por haber suscrito el pacto contra la discriminación el pasado 21 de noviembre en Huancayo. Esperemos que otros gobiernos regionales sigan este camino.

-Hablando de racismo, EsSalud rescindió el contrato del médico Rodolfo García, quien agredió e insultó a la señora Mauricia Altamirano en su consultorio en el Rímac. Queda pendiente la intervención del Colegio Médico y del Ministerio Público en un evidente caso de discriminación.

-En una misma semana, otros dos viajes de promoción al Cusco terminan en tragedia. Entretanto, los transportistas del sur del país continúan oponiéndose a todo tipo de control por parte del Ministerio de Transportes, mientras el Ministerio de Educación se encoge de hombros ante tantas tragedias. (RP 171 Conciencia y Coacción).

-Víctima de una larga y penosa enfermedad, falleció la semana pasada la fiscal Ana Cecilia Magallanes, premiada el año pasado por su valerosa defensa de los derechos humanos y su lucha contra la corrupción en tiempos verdaderamente difíciles.

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