lunes, diciembre 04, 2006

95 ¡CUIDADO, POLICÍAS A LA VISTA!

Control de Santa Rosa, frontera con Chile. 23 de febrero del 2006. A mediodía se detiene un ómnibus de Ormeño en dirección a Buenos Aires. Los pasajeros descienden para presentar sus documentos. Cuando le toca el turno a dos jóvenes limeñas, el policía a cargo de las requisitorias les pide sus Libretas Militares.

-No las hemos traído.

-Entonces no viajan –contesta el policía -. Y yo me quedo con sus pasaportes.

Les exige que se aparten para atender a los demás pasajeros y entonces, solícito, se acerca el chofer del ómnibus.

-No se preocupen. Él quiere plata –el chofer fija una tarifa, recoge el dinero y regresa luego con los pasaportes.

“Era evidente”, recuerdan las agraviadas, “que el chofer actuaba en complicidad con el policía y parece que les informaba sobre quienes parecían más vulnerables”. A los demás pasajeros, viajeros más frecuentes en esa ruta, no tuvieron mayor inconveniente y hasta el momento las quejas al Ministerio del Interior y a la empresa Ormeño han sido inútiles.

Mejor suerte tuvo el año pasado un cooperante finlandés detenido y trasladado a la comisaría de Ventanilla, mientras se dirigía hacia un colegio. Una vez enterado de lo sucedido, avisé a la Defensoría del Pueblo del Callao y luego llamé a la comisaría.

-¿Acaso un extranjero puede andar libremente por el territorio nacional? ¿Qué estará haciendo? Tenemos que acreditar su situación –fueron las primeras palabras del comisario.

Súbitamente, perdió toda altivez, al punto que yo en un principio pensé que se trataba de otro policía.

-No se preocupe, hemos comprobado la identidad del señor y se puede retirar –me dijo. Le habían avisado que estaban llamando de la Defensoría.

En realidad, al finlandés le habían pedido 200 soles y estaban convencidos que, asustado, pagaría.

Cuando los extranjeros parecen vulnerables, suelen despertar la codicia de algunos integrantes de la Policía Nacional. Un chofer de Talara recuerda una experiencia similar: “Yo llevaba cuatro extranjeros al aeropuerto de Piura y nos detuvo en pleno desierto la Policía de Carreteras. Al ver que los pasajeros no eran peruanos, les pidieron 50 dólares a cada uno”. Luego de media hora de tensión, llegó el comisario de Talara y dispuso que el vehículo continuara su marcha. El chofer había logrado llamar por celular a su jefe, con mucha influencia en la ciudad.

Una situación similar pasaron hace dos años unos amigos ecuatorianos que asistían a un encuentro sobre Justicia de Paz en Tumbes. El vehículo en que viajaban fue interceptado tres veces, en el trayecto desde Aguas Verdes, por diferentes grupos de policías, que pretendían exigirles dinero con cualquier pretexto. Sin embargo, los visitantes, abogados y dirigentes indígenas, no se dejaron amedrentar.

Con mucha frecuencia, la Policía de Carreteras permite que ómnibus interprovinciales o camiones pasen ante sus ojos cometiendo todo tipo de flagrantes infracciones, mientras ellos esperan que llegue un conductor particular para extorsionarlo. Un médico que viajaba con su familia a Trujillo recuerda que en Virú un policía pretendió buscar cualquier irregularidad en el vehículo y al no encontrarla, le impuso una multa por carecer de las banderitas refractarias, obligatorias sólo para las unidades de transporte público... un pretexto absurdo, porque en realidad quería una coima.

Las extorsiones también pueden ser cometidas contra los lugareños. El año pasado, en varias comisarías cusqueñas detuvieron a campesinos indocumentados, para pedirles dinero a cambio de su libertad (extraño fruto de un artículo del Código Procesal Penal, felizmente aún no vigente).

Hace cinco años, un policía evangélico me comentaba, haciendo referencia a su magro sueldo “Yo rezo para no llegue el día que tenga que delinquir”. En todo este tiempo, ni las remuneraciones, ni la imagen ni el comportamiento de la policía han mejorado significativamente. Es más, se dispuso la campañas “A la Policía se le Respeta”, asumiendo que los ciudadanos son los corruptos. El único cambio fue de uniforme, es verdad, pero costó mucho, para lo poco que duró y generó además mayor frustración entre los policías.

Los policías extorsionadores creen que sus víctimas, por ser extranjeros, pobres o personas de paso, no tienen suficientes conexiones como para pedir ayuda. Sin embargo, dirigirse a la Defensoría del Pueblo sí puede ser una buena opción. En el caso de Virú, por ejemplo, se consiguió identificar y sancionar al policía abusivo. Días después de la detención del finlandés, el comisario de Ventanilla me llamó para rogarme que retirara la denuncia, pero el proceso continúa.

En todo caso, si usted viaja por el Perú, le conviene tener a la mano los teléfonos de las oficinas defensoriales y las organizaciones de derechos humanos. A estas entidades corresponde diseñar mecanismos para actuar rápidamente ante los abusos policiales y capacitar a la población para enfrentarlos... al menos, mientras las extorsiones continúen.


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Además...

-El Congreso aprobó la Ley 28736, que pretende proteger a los indígenas en aislamiento, pero permite que en sus tierras realicen actividades extractivas.

-La clínica de San Isidro que señalamos en la RP 94 sostiene ahora que los resultados de las pruebas de VIH a trabajadoras del hogar se entregan a ellas y no a los empleadores. Al parecer va a suspender estos exámenes.

-Felicitamos a los vecinos de Sullana por haber logrado impedir la tala de árboles en su Plaza de Armas (RP 93).

-Siguen las protestas en los hospitales de Essalud por el incumplimiento en la entrega de medicinas para enfermedades como esquizofrenia y epilepsia. Lo que sí se cumple es el sueldo del Presidente Ejecutivo (16,800 soles).

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